Yo, soy el cantante.

Mapa de subterráneo de Nueva York y micrófono sobre una mesa de madera

Si al leer el título hiciste una pausa después del “Yo”, para seguir con “soy el cantante” y además, lo hiciste con la melodía, estás en plena sintonía para esta publicación.


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La canción “El cantante” es una oda al matrimonio del bien y el mal, a la agonía que a menudo se disfraza de sonrisa y acecha tras el telón de nuestras vidas, dejando salir al escenario únicamente a la versión más limpia, perfumada y mejor peinada de nuestra personalidad.

Vamos cantante comienza

En la recta final de la década del 70, cuando los niños todavía jugaban al trompo en las aceras de toda América Latina, las familias veían televisión los domingos todo el día pero sin Netflix y la música solo se escuchaba a través de ondas que atravesaban el aire y aterrizaban en cajitas de plástico y madera con parlantes incorporados, un puertorriqueño radicado en Nueva York, inundaba los cinco condados de la ciudad, como si el río Hudson, cargado de salsa picante en vez de agua dulce, se desbordara de sabrosura. Era Héctor Juan Pérez Martínez.

Pero así no lo conoce el mundo, todos lo identificamos como Héctor Lavoe, así lo llamó su manager por ser un nombre bastante más atractivo y con el potencial para distinguirlo entre el creciente surgimiento de artistas latinos, en parte por el elegante sonido que le hace a tus labios pensar que estás pronunciando algo en francés, y en parte porque era un nombre descriptivo y enaltecedor, pues Héctor estaba destinado a ser la estrella, el cantante de los cantantes, “la voz”, combinación de palabras que pronunciadas en español del Caribe y deletreada para la audiencia “anglolatina” de Los Estados Unidos, resulta “Lavoe”. Además, era un tributo a Felipe “La Voz” Rodríguez, un legendario cantante de boleros puertorriqueño de los años 50. No hay duda que su nuevo apodo vencía por knockout en el combate de la sonoridad, al clásico hispano “Pérez”.

Así entonces, con el poder absoluto de los dioses del marketing, lo bautizaron y nació el seudónimo del salsero que habría de convertirse en uno de los íconos más relevantes y celebrados de la historia de la música latina.

Listo el nombre y la actitud de estrella, Héctor se embarca en un aventura musical junto a la banda de Willie Colón durante casi una década. Subió por la escalera del éxito dando saltos como un acróbata de circo sin miedo a la muerte, tocó el cielo y vivió en él. Pero ese lugar donde habitan las cosas divinas, tal vez no era lo que él se imaginaba, las frutas del edén no estaban siempre maduras y en varias ocasiones le dio un mordisco a la depresión y los excesos.

Pero el año 1978 vendría con una medicina para el alma, estaba escrita en una fórmula con puño y letra del doctor Destino, decía:

X1 Willie Colón.
Diario en ensayo y grabación.

X1 Rubén Blades.
En estado de inspiración y admiración.

Tómese con respeto y talento acompañado de amistad todos los días hasta ver la luz de un nuevo camino.

La fórmula funcionó

Willie venía trabajando con Rubén mientras producía un nuevo álbum para Héctor, y viendo que su viejo amigo de banda, con el que había creado hits que hoy son temas obligados en cualquier lista de salsa en Spotify, como Calle luna calle sol y Che che colé, le pidió a Blades, quien con maestría literaria contaba historias y escribía canciones sinceras, que le cediera a Héctor su canción “El cantante”, para ayudarlo a tener un nuevo impulso y resurgir con un hit que lo pusiera de vuelta en el tope de la radio latina.

Rubén, todo un cronista del Caribe urbano, prefería él mismo grabar la canción, así como un artista usualmente quiere ver la terminación de su obra de la manera como la visionó desde el principio. Pero luego de sentarse y reflexionar sobre el asunto, llegó a la conclusión de que si bien tenía un apego a la composición, la realidad que representaba la letra, no era la suya, era la de Héctor. No era él quién en ese momento necesitaba recordarle a la gente que era humano y que su personalidad de escenario era un acto de labor y amor por su audiencia, que sus errores y defectos podían ser perdonados como en una familia de verdad, que detrás del telón había una persona frágil que necesitaba ayuda para no seguir hundiéndose, así como todos en algún momento requerimos una mano que sin buscar nada a cambio, nos ayude a salir de la arena movediza que a veces es la vida.

Por esa atenuante y problemática condición de su ser, la honestidad de la canción sería amplificada y llevada al límite de la emoción por quien pasaba por esa misma situación, no poniéndose en la piel de un personaje de ficción para transmitir un sentimiento, sino siendo ese mismo personaje en la vida real, casi que uno podría decir que la vida lo preparó para esta canción.

La sensatez de Rubén le hizo acceder a la propuesta de Willie y “El cantante” pasó a ser grabada por Héctor en el álbum Comedia, hallando en él una interpretación impecable y llena de realidad. Como era de esperarse, la canción sube a Lavoe de vuelta a la cima del éxito, el álbum llega a ser Disco de oro y a partir de ese momento, esta se convierte en su canción insignia, trayéndole además un nuevo apodo enaltecedor: El cantante de los cantantes.

Sale la luna y sale el sol

Como una medicina recetada para tratar una condición letal, el efecto fue positivo pero temporal. Eventos trágicos y otras batallas personales le esperaban en el camino, apareciendo como presagios de la historia de un héroe que terminaría mal para él, pero que le dejaría al mundo, una lección para aprender y un tesoro para compartir y recordar que, aunque no todos somos celebridades que viven bajo el escrutinio de la mirada pública, en algún momento somos el cantante que siente la presión de pararse en el escenario y actuar sobrepasando el límite de sus capacidades, dejando detrás del telón su humanidad para alimentar a una audiencia insaciable.

En este ciclo vivió Héctor, viendo el día y la noche pasar dejando decepciones, bendiciones y cargando con la responsabilidad de ser El cantante.

Una canción tan universal siempre tendrá tributos hechos por gente en todas partes del mundo, estos son algunos que elegí para complementar el ambiente.

Completando el relato, hago mi propio tributo, improvisando sobre una parte de la canción.


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Published by Leon Bernard

Busco el equilibrio en la creación, poniendo en la balanza el pensamiento estratégico y la libertad para producir música y escribir historias.

10 thoughts on “Yo, soy el cantante.

  1. No soy experto en temas de música salsa para opinar sobre el contenido como información histórica, pero me encanta la forma casi poética como describes ese evento histórico. Y es que así debió ser… porque la música es poesía. Me gusta esta historia.

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    1. Gracias, me alegra que hayas disfrutado la lectura. Fue en realidad un momento histórico para la música latina. Décadas de fiestas en terrazas familiares fueron patrocinadas por Héctor y Willie.

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  2. En una época donde abundaba el talento, supo ser el mejor entre los mejores. Triste la forma como murió, pero supongo que era parte de un plan del destino para magnificar su leyenda. Gracias León por traerla a la memoria.

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    1. Definitivamente la tragedia dio paso a la leyenda, por eso en este post no quise hacer mucho foco en la parte trágica sino en la relevancia de la canción y en lo que todos podríamos aprender de su historia. Un abrazo.

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  3. Gran historia Master Leon, que bonito saber toda la historia que hay detrás de esta obra de arte, como en todas las grandes obras siempre hubo muchas anécdotas bonitas detrás de ellas. no me imagino si la hubiera cantado Blades definitivamente una súper voz para esa canción.

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  4. Fina pluma la que el universo te dio… Esta historia está muy bien contada y dan ganas de seguir leyendo. He escuchado esta canción en muchas versiones, amando la de Calamaro y esta “versión” escrita de la historia del Cantante es sencillamente una delicia de leer ¡Apuestale al libro yo lo compro! “No hay tiempo para tristezas vamos cantante, comienza”.

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