Un poema, después un símbolo patrio.

Café negro y mapas de Colombia sobre una mesa de madera

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En 2021 es difícil pensar que algo pueda tardar años. Con el pasar del tiempo, nuestra paciencia fue disminuyendo colectivamente a medida que la tecnología nos fue malcriando para exigir inmediatez y precisión. Dejamos a las máquinas la responsabilidad de hacer la vida más fácil y a sus creadores la de hacer que todo funcione a la perfección, sin fallas ni retrasos. Hoy las hamburguesas salen en diez minutos, los celulares van al espacio a consultar con los satélites y vuelven en cosa de segundos con la información que les pedimos, y un pensamiento, idea o reclamo se expresa en lo que tarda escribir 140 caracteres que atraviesan el mundo instantáneamente.

Pero en el siglo diecinueve de la era común, cuando Colombia estaba descifrando cómo ser un país, el ritmo era bastante más lento, lo más rápido eran los telegramas y los viajes en barco de vapor por el río Magdalena.


Vale la pena entonces hoy, redescubrir el origen del himno nacional, un poema que tardó 37 años en convertirse en canción y otros 33 en convertirse en símbolo patrio.


Todo empezó en 1850

Bueno, en realidad comenzó un poco antes, más o menos unos 40 años antes, cuando criollos, mestizos, mulatos, zambos y todas esas categorizaciones raciales inapropiadas que nos metieron en el cerebro en las escuelas, se cansaron de ser el Virreinato de Nueva Granada y de rendir tributo a la corona española. Entonces rompen el florero y vienen las batallas de liberación, los héroes, la sangre y el sacrificio para lograr obtener un tesoro más preciado que el oro desaparecido, la autonomía.

Santa Cruz de Mompox, luego Cartagena de indias declaran su independencia absoluta y las demás ciudades replican el grito, haciendo viral la tendencia libertadora.

Al final hicieron falta varios años más para lograr deshacer la dependencia colonial, pero fue esta primera cachetada al imperio, lo que inspiró a Rafael Núñez a escribir un poema a su ciudad nativa en 1850.

Himno Patriótico, así llamó Rafael Wenceslao Núñez, su poema dedicado a Cartagena e inspirado en el momento histórico de su independencia. En aquel entonces tendría apenas 25 años y toda una carrera por delante. Fue catedrático de la Escuela de Filosofía y Letras, congresista, gobernador de Panamá cuando el istmo era un estado soberano de Los Estados Unidos de Colombia, escribió en varios periódicos de Nueva York bajo el indudablemente cool seudónimo “Wencelly David de Olmedo”, también fue cónsul en Francia e Inglaterra y presidente de Colombia en cuatro ocasiones. El tipo hizo de todo, incluso, y a manera de chisme, le hizo construir a su segunda esposa una capilla en el barrio El Cabrero, porque en las iglesias le hacían bullying por haberse casado por lo civil con un hombre que aunque divorciado, seguía casado por la iglesia. Hay otra versión de la historia pero esa no es tan colorida, así que de momento, la dejamos de lado.

37 años después

En este punto el mundo ya tenía 1.887 años después de que Cristo nos reseteó la cuenta, Núñez iba en su tercer round presidencial y el himno nacional ya tenía ganas de existir. Aunque en realidad, desde que se liberó el territorio hubo varios intentos, pero uno a uno, los pretendientes a himno de la república, fueron descartados, algunos por ser muy sencillos otros por ser muy complejos, unos celebraban las hazañas de Bolívar, otros recopilaban letras de poemas y odas a la nueva Gran Colombia, pero aunque se hicieron concursos y evaluaciones donde incluso llegó a participar Rafael Pombo como jurado, al parecer ninguno “pegó”.

Hizo falta una alineación planetaria para que el italiano radicado en Bogotá Oreste Sindici, quien había llegado al nuevo mundo en 1862 como tenor de una compañía de ópera, decidiera quedarse en este lado del planeta y después de varios años y varios intentos, finalmente le diera al clavo. Tomando la letra del poema de Núñez, Sindici, musicalizó los versos, marinando la letra con una melodía recordable, creando así, la receta para una canción digna de ser un himno nacional.


El 11 de noviembre de 1887, en el marco de la celebración de la Independencia de Cartagena, se estrenó el nuevo himno con un coro de niños alumnos de Oreste. Esta vez, fue un hit.


El poema hecho himno es realmente un viaje

Originalmente el himno tiene once estrofas, pero nadie tiene tiempo para cantar esa odisea, por eso, en el colegio, en los partidos de la selección de fútbol y en la radio pública todos los días a las seis de la mañana y a las seis de la tarde, siempre cantamos o escuchamos solo la primera estrofa y el coro.

El coro es lo que uno esperaría de un himno, el grito de gloria y el triunfo del bien sobre el mal. La primera estrofa es la más genérica y tal vez por eso, la que decidimos todos cantar. Habla de libertad, de ver la luz redentora y curiosamente, de Jesucristo, porque en aquella época, patria y fe iban siempre de la mano.

La segunda estrofa es guerra, un grito de rebelión que desafía la autoridad del rey. En la tercera, cuarta y quinta estrofas, viajamos en un barco de poesía patriótica y sentimental, del Orinoco al Caribe y de ahí, a Boyacá, documentando líricamente el sufrimiento nacional.

La sexta y séptima estrofas celebran a Bolívar y sus tropas como protagonistas de una aventura épica atravesando los Andes, completa con centauros que llegan a los llanos con espadas luminosas que parecen centellas.

En la octava estrofa volvemos a la iglesia con una preocupante referencia a María, quien al parecer, venía pasando por un estrés más bravo que el que nos trajo la pandemia, porque desesperada y agobiada, se arrancaba los cabellos.

La novena, décima y onceava estrofas terminan el viaje buscando una conclusión en la que se reconoce el sacrificio, el deber y la lucha que se requiere para liberar a un pueblo, pero quizá lo más importante quedó plasmado en la décima estrofa, en una reflexión acerca de lo que queda por hacer. Ganar la batalla no es suficiente, el trabajo rinde frutos si el sufrimiento lleva a la justicia y la igualdad.

33 años más tarde

Después de la presentación oficial de Oreste, hubo varias ediciones, en 1890 se interpretó en  Roma, México, Lima, Caracas y Curazao. En 1910, para celebrar el centenario de la independencia, se grabó por primera vez en los estudios de Columbia Phonograph Company en Nueva York, interpretado por “La Lira Antioqueña”. En 1911 guardaron la letra y partitura en una urna centenaria para abrirla en el bicentenario.

En 1920 se presentó como un proyecto de ley que luego sería aprobado y así, 26 años después de la muerte de Rafael Núñez y 16 después de la de Oreste Sindici, finalmente, el himno nacional de Colombia se convertiría en un símbolo patrio, ocupando su lugar junto a la bandera y el escudo.


La interpretción de una poesía puede ser subjetiva, sobre todo cuando es una de hace 170 años. Así que para quien tenga suficiente curiosidad, acá están todas las estrofas.


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Published by Leon Bernard

Busco el equilibrio en la creación, poniendo en la balanza el pensamiento estratégico y la libertad para producir música y escribir historias.

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