1.000 km de América, Europa y África.

Playa de arena de negra

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Es raro pensar que aún existen lugares en las Américas que ostentan la bandera de un país lejano, esto pasa porque uno piensa en el mundo como si fuera un mapa, vemos los bloques continentales como un croquis blanco sobre un fondo “azul agua”. Pero cuando uno le hace zoom con los dedos a la pantalla táctil del cerebro, emergen del agua, pequeños puntos con historias peculiares que parecen fuera de lugar.

Al principio estas tierras eran nativas

En una isla del centro (casi sur) de América, vivían como malos vecinos, los amables arahuacos y los feroces caribes. Luego llegó Colón y su combo a tomar agua fresca y lavar la ropa sucia después de casi un mes viajando con su tropa.

Después llegaron los franceses, pero no trajeron croissants ni baguettes, sino armas y ganas de conquistar. Los caribes se revelaron y quisieron recuperar el territorio, pero los hombres en pantalones ajustados y botas altas dijeron: “estas playas son lindas, papá dijo que podíamos quedarnos con ellas”.

Y así, desfilaron por la pasarela de la historia luciendo sus trajes llenos de decoraciones, elegantemente expulsando a la competencia, hasta tener la isla para ellos solos.

Un lugar fuera de lugar

Una vez expulsados la mayoría de los nativos, nace Martinica, una isla de 1.128 km2 ubicada en las Antillas menores, a unos kilómetros de la costa de Venezuela. En este lugar, no jugaron a la independencia como en el resto del continente, aquí, el gobierno francés se estableció y la isla permaneció como un departamento del país europeo.

Con la colonización vino la esclavitud y ahí, la resiliente cultura africana se hizo presente una vez más. Porque nunca ha importado qué tan lejos se hayan llevado a la gente de su tierra, la conexión con el origen siempre prevalece como un llamado de los ancestros que nunca se calla. Y aunque tiene que ser insoportable para las generaciones que nacieron en América, sentirse extranjeros en su propio hogar, la música proporcionó un ancla para permanecer firmes y seguros de su herencia.

Así entonces, limpiando la blancura colonial como un jabón que da color, nacen géneros musicales como el Bélé, que incluye canto, baile, cortejo, tradición esclava y un tambor sobre el que te debes sentar para tocarlo. El resultado es algo simple y extraordinario a la vez.

Suena así:

Si parece un primo auditivo de la champeta o la cumbia colombiana, es porque no están tan lejos, esos géneros también toman prestadas influencias de las islas criollas que la historia actualizó con el software de África 2.0.

Una isla que florece en la zona de América Latina, pero que es en realidad una parte de Francia y cuya cultura popular es predominantemente africana; donde la gente habla un lenguaje criollo que suena como francés pero tiene elementos del inglés, el español, el portugués, el nativo indígena Caribe y algunas lenguas africanas, tiene que ser una anomalía, solo así se pueden condensar varios mundos en un pedacito de tierra sobre el mar.

Frameme~commonswiki CC BY-SA 3.0

La búsqueda

Y ahora que escarbamos la arena buscando tesoros de piratas de tres continentes, marchemos en la dirección que marca la equis para encontrar una gema, guiados por un capitán llamado Christophe Chassol. Este músico parisino entrenado en la escuela clásica desde los cuatro años, se dedicó principalmente a hacer música para películas y publicidad, desarrollando con los años, una técnica que combina tomas de video con música compuesta para corresponder a las imágenes de gente y cosas cotidianas, lo llamó “Ultrascoring”.

Suena así:

En 2005, Christophe pierde a sus padres en un accidente de avión. Años después y buscando cerrar el ciclo de emociones, decide viajar al lugar donde nacieron sus progenitores, el lugar donde empezó todo, Martinica.

La isla proporcionó los bellos parajes, el canto de las aves tropicales, y sobre todo, las historias que incluían una banda donde la melodía en vez de ser tocada con una trompeta, era creada por un tipo soplando una caracola, un juego de dominó sirvió para crear ritmos, el canto de una señora del campo y el carnaval en la capital, todos fueron insumos para la creación.


El camino nos trajo hasta acá

Hay algo mágico en el abandono. Cuando te alejas obtienes perspectiva, luego las raíces se estiran hasta alcanzarte y redescubres tus orígenes con la sabiduría de alguien que ha vivido varias vidas. Por eso, en esta isla antillana, la cultura se asomó tímidamente, complementando el absoluto refinamiento de su hijo Chassol, para así, descubrir el brillo de esta gema que utiliza una toma a capela de un cantante de la isla, para luego armonizar sobre ella con un piano que eleva todo a un estatus de obra maestra.


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Published by Leon Bernard

Busco el equilibrio en la creación, poniendo en la balanza el pensamiento estratégico y la libertad para producir música y escribir historias.

2 thoughts on “1.000 km de América, Europa y África.

  1. Me gusta la forma tan entretenida para contar la historia, cautivadora. Disfruté de la historia acompañado de un café.

    Las GEMAS nos muestran que hay más tesoros para apreciar, sólo hay que mirar para otros lados.

    Además…esta es una interesante reflexión: “Hay algo mágico en el abandono. Cuando te alejas obtienes perspectiva,…”

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