Espero que lo sepas

Hombre tocando una guitarra acústica

Este post no es acerca de un artista consolidado universalmente, tampoco es para desenterrar una canción sepultada en las arenas del tiempo con una historia igual de perdida en la memoria. Hoy se trata de nosotros, de mí, pero sobre todo de ti.


En este punto, después de un mes de contar historias acerca de canciones, y sin darle aún impulso comercial a este blog, es seguro deducir que la mayoría de los lectores guardan alguna conexión directa o indirecta con el escritor, es decir, que las posibilidades de que nuestras historias se hayan cruzado, ya sea durante años o fracciones de un momento, son altas, y que de ese tiempo haya algo que contar.

Todo comenzó en 1985

Cuando el destino dispuso que ya era hora de nacer. Entonces vi la luz, la de la sala de parto en el hospital porque era de noche y el sol estaba al otro lado del planeta. Saliendo del mareo que produce el primer encandilamiento de la vida, aprendí a respirar, luego se me olvidó, y tiempo después, cuando el estrés llegó como alguien que se cuela sin invitación en la fiesta de tu vida, tuve que volver a aprender, ya no únicamente con la necesidad básica de vivir, sino para bajar las revoluciones de un cerebro inquieto. Y así pasaron los años, aprendiendo y desaprendiendo cosas, pero sobretodo la segunda.

En el camino se fueron armando las historias

Igual que como habrás hecho tú, construí una base sólida de amistades en la infancia. Se crearon conexiones permanentes e inquebrantables, aparecieron los antagonistas, los extras y los personajes secundarios, cada uno dejando su marca y aportando al guión de la película real que se escribe todos los días. Vino la música, el rock, el jazz y la apreciación por todo lo demás. Los cassettes, los CDs, los MiniDiscs (sí, esos también), los iPods y finalmente, las canciones en internet para terminar de “destangibilizar” la música. Los juegos en la calle, las tareas en la casa, el colegio, la universidad, el trabajo, los buses, los trenes, los taxis para ir y volver de un lado a otro sin pensar mucho en ello. La rutina, el cansancio, las vacaciones para elevar el espíritu, la suerte y la mala suerte, el miedo y una salida a caminar en el desierto que es la cotidianidad, para encontrar pequeños oasis de experiencias provistas por incontables personas, posiblemente tú seas una de ellas.

Ahora hablemos de ti

Si la conexión es directa, eres parte de la familia, del nido del hogar natal, de los tíos, abuelos, o de la extensiva colección de primos criados a la par como una tropa dispareja de amables personalidades, que juntos, forman una red más fuerte que la telaraña sobre la que se balanceaban una cantidad infinita de elefantes.

Tal vez eres parte del manojo de amigos que llegaron por coincidencia y se quedaron a vivir en el apartamento de nuestra historia, compartiendo comida y conversaciones que recordaremos para siempre, aunque cada vez sean contadas de una manera ligeramente distinta. Posiblemente nos contamos secretos, jugamos con un balón o un control de PlayStation, corrimos por la calle y caminamos por horas en busca de una nueva pizzería o para llegar a un parque bien lejos. Viajamos de una ciudad a otra disfrutando más el viaje que el destino, fuimos a museos, teatros, cines, conciertos, ferias, al estadio, a celebrar junto al río (o cualquier otro cuerpo de agua) sin ninguna razón en particular, o a andar por el centro de cualquier ciudad.

Si no nos une una amistad permanente, seguro nos acerca una conexión laboral, un interés común, un café en la cocina, un almuerzo en el restaurante de “corrientazos”, un cumpleaños, una reunión (aunque haya sido por Zoom), un viaje en transporte público, una caminada hasta la estación, una fiesta de fin de año, un disfraz de Halloween, un chisme, una capacitación, un asado, una entrevista, un simulacro de seguridad, un grupo de Facebook, una victoria o un fracaso.

Si la conexión es indirecta, puede ser entonces, que nuestras historias se crucen porque alguien te contó algo acerca de mí, o alguien me contó algo acerca de ti. Lo que nos une es una anécdota que usualmente empieza con una frase que dice algo así como: “Mira te cuento lo que hizo mi amigo (o el amigo de un amigo)”, de cualquier manera, la conexión existe porque sabes algo de mí y yo sé algo de ti.

Las historias no siempre se pueden contar enseguida

A veces hay que dejarlas madurar, para que con el tiempo, tomen el sabor añejo que tiene la nostalgia, para que las experiencias cotidianas obtengan el estatus de recuerdos que vale la pena contar, y para que la sinceridad que incrementa con los años, nos permita finalmente decir lo que sentimos.

Y así, con la reminiscencia de los días que pasaron y pensando en los momentos que nos trajeron hasta acá, me senté a escribir una canción original que representara esta idea de las situaciones cotidianas que aunque simples, se hacen invaluables con el tiempo. Pensé en que uno aprende de los amigos y de la familia, y que las historias son eternas porque no las olvidamos.

Esta canción tiene que ver contigo

Así nació “I Hope You know”. Como un tributo a la amistad y un agradecimiento a todos los que se cruzaron en mi camino, dejando como regalo de viajero, un par de historias para recordar.

Nota: mi “personalidad musical” sale a flote más fácil cuando escribo en inglés. Si no te la llevas muy bien con este idioma, igual ya sabes de que se trata.

No más lectura, es momento de escuchar.

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Published by Leon Bernard

Busco el equilibrio en la creación, poniendo en la balanza el pensamiento estratégico y la libertad para producir música y escribir historias.

4 thoughts on “Espero que lo sepas

  1. Excelente escrito bro, Dios te siga bendiciendo con esa intelectualidad, jocosidad y hermandad que te ha caracterizado un gran abrazo bro.

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