Navidad, la música y el trance.

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Todos sabemos que la Navidad tiene un trasfondo religioso en relación al nacimiento de Jesús, pero por el carácter comercial que adquirió con el tiempo y la integración de elementos ajenos a la tradición, terminó desligándose de su origen.

En la música, esto dio paso a la creación de canciones que celebran el momento del año y la tradición moderna, más que la fe. Llegaron los mega hits que aunque divertidos, pueden llevarnos al borde de la desesperación por sonar en todos lados durante los dos últimos meses del año.

Pero hubo una época antes de Mariah Carey y la romántica y acogedora idea remezclada con pinos, nieve, pesebres, muérdagos y estrellas de distintas culturas, que terminarían juntándose para crear la narrativa navideña que tomamos prestada en todo el mundo.

Presente en todo tipo de rituales

La música siempre fue un vehículo para la celebración de rituales, una herramienta para inducir un estado de concentración a veces festivo.

En el budismo, por ejemplo, usan un tipo de cánticos que sirven para preparar la mente antes de meditar, especialmente en la práctica formal, donde la música también puede ser en una ofrenda en honor a “Las tres joyas”, un trío de conceptos que soportan espiritualmente a los budistas a través de la oración. En el islamismo usan el canto en forma de oración melódica que recitan mirando en dirección a La Meca en Arabia Saudita.

En formas tempranas de cantos de sinagoga judíos, se usaba el sistema del Templo de Jerusalem, integrando doce instrumentos y un coro masculino de doce cantantes. Luego en el cristianismo apareció un estilo particular en el que se recita una frase de la biblia a manera de canto o entonación, donde las sílabas se extienden pero sin llegar a ser canciones.

Y así, a lo largo y ancho del mundo la música está presente en todo tipo de rituales, donde su propósito tiene un valor más serio y superior al entretenimiento. En algunos casos se aleja tanto del concepto convencional, que difícilmente cabe en la descripción moderna.


Música para los espíritus

Cuando hablamos de rituales y la música que los acompaña, ninguna es más simple que la que se produce en el chamanismo. Por su propia naturaleza, esta práctica religiosa no requiere muchas cosas adicionales a la presencia de una chamán y su capacidad para conectarse con la naturaleza y atravesar planos existenciales.

El vehículo para entrar en contacto con entidades espirituales y traer de vuelta el conocimiento y la sabiduría, es algún método de alteración de la conciencia, como el trance.

Pero como todo viaje necesita música, el chamán o las personas que lo acompañan, ambientan con instrumentos el ritual, pero no de una manera que podamos reconocer como placentera. No es una interpretación para entretener a los mortales, es música para los espíritus, una serie de acciones que producen sonido, ayudando a concentrar la atención hacia adentro en busca de la visualización del mundo espiritual en vez de atraer el interés de la audiencia.

Una fuente amarilla y psicodélica

Imaginémonos esta escena. Es una noche fría en Lapland, Finlandia. En casa, tú y tu familia se abrigan y comparten la velada con comida mientras esperan la llegada de un invitado especial. A algunos kilómetros de distancia viene deslizándose sobre la nieve, un trineo halado por renos y conducido por un hombre fuertemente abrigado, es tu invitado.

Desde adentro escuchas la llegada del trineo, pero el hombre no se anuncia ni toca la puerta, la entrada está bloqueada por la nieve, entonces decide entrar por la chimenea. Al terminar su descenso tu invitado es recibido con comida y nadie se pone a pensar en lo extraño de la situación que acabó de pasar, además, viene con regalos y eso te llena de emoción. El problema es que no los trae consigo, necesita ir a buscarlos, entonces saca del bolsillo, un potente dispositivo de teletransportación, un hongo, pero no es cualquier champiñón, se trata del Amanita Muscaria (o matamoscas), el que conocemos por su distintivo aspecto rojo con manchas blancas, por los cuentos de hadas y por el valiente plomero italiano que viaja por las tuberías de mundos donde las tortugas quieren matarte, el videojuego Mario Bros.

Tu invitado se come el hongo y tú no haces preguntas, solo tomas el tambor que alguien te acaba de pasar y produces con él un sonido consistente. El invitado es en realidad un chamán y mientras llevas el ritmo de la música, él viaja al plano espiritual en el trance que produce ingerir el hongo, su objetivo es regresar con regalos para ti y tu familia, pero no una bicicleta nueva ni patines en línea, sino sanación y sabiduría para resolver problemas. 

De salida, el invitado chamán, hace una parada en el bosque para atender el llamado de la naturaleza, regando la nieve con orina cargada de los agentes alucinógenos que hace un momento, le hicieron tener la sensación de estar volando. Pero no está solo, detrás de él esperan impacientes las criaturas, sus propios renos que por alguna razón, también disfrutan la sensación que produce el hongo, entonces se acercan para tomar de la fuente amarilla y psicodélica que produce su dueño.

Quién sabe, a lo mejor también les genera la misma sensación de estar volando cerca al Polo Norte con un tipo que lo sabe todo y que entra por las chimeneas de la gente, llevando regalos a cambio de comida y engordando en el proceso.

Esta escena por extraña que parezca, era normal para los Sami, la civilización nativa del norte de Finlandia, Noruega y Suecia, donde posiblemente se originó la historia de Santa.

Con el tiempo todo se juntaría para crear la tradición de la Navidad que muchas personas disfrutan en todo el mundo, la música de ritual religioso permaneció en forma de villancicos, y la música de la temporada como evento familiar y festivo se diversificó, encontrando un lugar en toda clase de géneros musicales modernos y convirtiéndose en una oportunidad comercial para los artistas.

Los recuerdos empiezan a llegar

Antes de que las plataformas de streaming como Spotify y Apple Music, cambiaran las reglas del juego para los artistas, la gente compraba la música en formatos físicos. Esto era bastante más rentable para la industria, los álbumes solo tenían que contar con un par de canciones principales, eso era suficiente para lograr que las personas quisieran ir a la tienda de música a pagar por el trabajo completo en CD, cassette o vinilo.

Así que cuando llegaba octubre, las disqueras estaban listas con copias de álbumes navideños de sus artistas para vender en las tiendas cuando la gente empezara con las compras de la temporada. Hacer un álbum de Navidad sigue siendo una estrategia usada por los artistas aunque los números ya no son igual de impresionantes.

Tiene sentido, durante esta época la reproducción de estas canciones clásicas se dispara igualando el éxito de los hits del momento durante un par de semanas. Así que es buena idea tener un álbum que pueda recoger algo de dinero todos los años, en vez de cumplir su ciclo típico de 18 meses y perder relevancia, además, usualmente son canciones tradicionales escritas hace décadas, ahí está parte del truco, algunas ya no tienen derechos que vayan al artista o su familia, son patrimonio de la humanidad. En otras palabras, libres para quien quiera usarlas, así que cualquiera puede crear su propia versión y recibir todas las ganancias porque no tiene que compartir las regalías con el autor original.

¿Y por qué escuchamos canciones viejas en Navidad? Bueno, tal vez sea porque es la temporada más familiar del año, la gente sale a vacaciones del trabajo, de la universidad, del colegio y vuelve a casa. Además se acerca el fin de año y los recuerdos empiezan a llegar acompañados de la nostalgia que incrementa con los años, cada vez hay más cosas que recordar y extrañar. La banda sonora de ese cuento navideño que nos contamos mutuamente todos los diciembres, es la música vieja.

La Navidad es un remix

La comercialización de la Navidad en la música llevó a la diversidad, por eso tenemos álbumes de todos los géneros que celebran la temporada de maneras distintas. De lo más tradicional y religioso como los villancicos, pasando por el jazz y las baladas acerca de Santa, la nieve y los regalos, hasta llegar al Caribe latino donde domina la salsa con temática de fiesta, licor y cantidades exageradas de comida.

Al final del día no importa lo que escuchemos ni cómo celebremos la fecha, lo importante es disfrutar el momento para tomar un respiro y permitirse un par de indulgencias, resetear el estado mental, antes de enfrentar los retos que esperan impacientes en la entrada del año siguiente.

Para celebrar tenemos toda clase de historias, rituales, plantas decorativas y psicoactivas, objetos brillantes, regalos materiales y espirituales, pinos, y diferentes combinaciones musicales que nos recuerdan que la Navidad es un remix.


Bonus Track

Alguien hizo una versión animada de la canción “Run Rudolph Run” de Chuck Berry, y es exactamente lo que uno esperaría de un video navideño de Chuck Berry.


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Published by Leon Bernard

Busco el equilibrio en la creación, poniendo en la balanza el pensamiento estratégico y la libertad para producir música y escribir historias.

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