Cassettes · La era de la libertad (parte I)

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La tecnología con frecuencia determina nuevos patrones de conducta. En los 80 nuestras vidas cambiaron una vez más, con un pequeño dispositivo que liberó nuestra creatividad.


Esta es la continuación de una serie de especiales acerca de los formatos y la tecnología que nos permitieron experimentar la música de distintas maneras, descubriendo con cada avance, algo acerca de nosotros mismos y nuestra cultura cambiante.

En el especial anterior llamado LP · La era del álbum, indagamos en el ritual que requiere sumergirse en la música cuando escuchas un disco de vinilo, y de cómo ese formato dio paso al nacimiento del concepto álbum. Ahora es el turno de la cajita de plástico y cinta magnética que nos puso en control de la música y desbloqueó nuestra expresión artística. El cassette. Aquí empieza la parte 1.


Primero fue la guerra – por: @creative.ruth

Cuando pensamos en cassettes pensamos en música y en gente vestida de colores bailando mientras caminan con los audífonos puestos, pensamos en los ochenta y los noventa. Pero la tecnología que dio paso a este símbolo de la cultura popular, viene de mucho más atrás, de cuando el mundo estaba en guerra y las exigencias de las naciones que buscaban ganar la carrera impulsaban, aunque tal vez no por los motivos correctos, los avances tecnológicos.

Ya desde 1930 la cinta magnética como medio de almacenamiento de audio venía siendo usada en Alemania. Una de sus primeras formas prácticas fue el magnetófono, un aparato grande y pesado con un par de ruedas de cinta que van girando mientras se graba o reproduce el sonido. Al principio, este que sería como el abuelo de los cassettes, capturaba una cantidad considerable de “hiss” o ruido, pero para el momento que la segunda guerra mundial estaba en su furor, la calidad había mejorado tanto que las personas que tenían acceso al aparato, no podían fácilmente notar la diferencia entre la música pregrabada y una presentación en vivo sonando en la radio. Incluso Hitler aprovechó la oportunidad para grabar sus discursos en cinta y hacer que fueran reproducidos en las estaciones de radio como si fuesen un anuncios locales, mientras en realidad, él estaba en otro lugar haciendo cualquier otra cosa.


Magnetófono, George Shuklin, CC BY-SA 1.0

Cuando ingenieros del ejército aliado encontraron el magnetófono, la sensación de asombro fue la misma. Conocían la cinta magnética y sabían por experiencia que sonaba mal, no era un buen medio para almacenar música, pero los alemanes habían encontrado la manera de que funcionara y sobrepasara la calidad de todo lo que existía hasta el momento.


Así que derrotado el ejército nazi, se llevaron a América, como regalo de guerra, un par de magnetófonos.


La estrella más brillante de Hollywood – por: @iarod

Para el momento en que regresan las tropas a los Estados Unidos, Jack Mullin, el ingeniero que se había enamorado de los magnetófonos y los había traído de vuelta, buscaba con dedicación patrocinio para soportar su investigación y continuar desarrollando el dispositivo hasta crear una nueva versión comercialmente viable. Entonces empezó en el lugar donde estaba toda la plata, Hollywood

Era octubre de 1946. Una audiencia conformada por ejecutivos de la industria del cine, esperaban que empezara la presentación de la orquesta Metro-Goldwyn-Mayer en el estudio de la misma compañía. Finalmente empieza la música y todo marcha con normalidad, de repente, se cierran las cortinas del teatro, los músicos siguen tocando pero la audiencia ya no los puede ver, luego se detiene la música y se escucha una voz diciendo: “Ok chicos eso estuvo bien, vamos de nuevo”, entonces vuelve a sonar lo mismo que estaban tocando hace un momento, se abren las cortinas y el asombro absoluto se apodera de los asistentes, resulta que esta vez los músicos no estaban tocando, andaban por el escenario conversando y fumando mientras la música salía del magnetófono, con el cual habían grabado el primer segmento que tocó la orquesta al principio de la presentación, pero el sonido era tal cual como si nunca hubiesen dejado de tocar.

Entre los asombrados estaba el productor de radio de Bing Crosby, el actor y cantante más popular de la época, su voz profunda y amable era la banda sonora de la Navidad en su país, y su show de radio en vivo, era sintonizado por millones de personas, en realidad era la estrella más brillante de Hollywood.


Ensayo y sincronización – por @AliciaHR

El productor sabiendo que el magnetófono podía resolver un problema que su cliente venía teniendo por años, arregló para que fueran a presentárselo. Bing Crosby de inmediato vio todo su potencial, patrocinó el desarrollo del dispositivo y tan pronto como pudo, empezó a grabar su show de radio, el cual, anteriormente tenía que hacer dos veces, porque era en vivo y tenía que salir al aire en ambos extremos del país, calculando que hay una diferencia horaria entre ambas costas. Con esta nueva tecnología solo tenía que hacer un show, grabarlo y luego reproducirlo como si fuese en vivo, resolviendo así el problema de no tener vida ni tiempo para su familia.

Bing Crosby, Public domain

Bing cambió las reglas del juego e introdujo elementos de producción que hoy todavía usamos, como risas y aplausos pre-grabados y un show escrito para crear la ilusión de que está pasando en el mismo momento que el oyente lo sintoniza. Con los discos esto no era posible, el ruido de la aguja delataba cualquier intento de engaño auditivo.

Hoy la mayoría de las cosas que vemos y escuchamos, incluyendo este blog (si lo estás escuchando), fueron grabadas antes y luego editadas para agregar efectos de sonido y música, con frecuencia todo hecho por la misma persona.

En el pasado crear algo así, requería ensayo y sincronización, tendría que haber una banda en el estudio y un grupo de personas cada una con un rol específico. No había una mejor manera, todo tenía que ser en vivo. Fue la cinta magnética, la misma que luego tendrían los cassettes, la que dio paso a la innovación creativa y cambió el mundo para siempre.


Menos dinero del que esperaban – por: @DaniHM

Con el recién nacido interés en la nueva tecnología, pronto empezaron a salir al mercado toda clase de aparatos que ofrecían la posibilidad de grabar sonidos en cinta.


Reel to Reel, Bubba73 (Jud McCranie), CC BY-SA 4.0

Se ganaron un lugar en los hogares pero no fueron masivamente populares pues la practicidad no era su fuerte, los rollos de cinta venían en carretes descubiertos que hacían que fuera fácil enredarse.


En realidad estaban diseñados como dispositivos de captura de audio no como un medio de comercialización de la música, para eso los LP seguían siendo el formato predilecto. Pero todo estaba a punto de cambiar.

En 1960 la compañía holandesa Philips, pone a sus divisiones de Austria y Bélgica en una competencia para desarrollar un grabador de cinta práctico y amigable para todo tipo de usuario. Un par de años después, los austriacos llegaron con un diseño de cartucho que tenía un solo agujero, los belgas llegaron con un diseño compacto de dos agujeros, ambos respondían a la necesidad de simplificar el proceso y reducir el riesgo de enredarse con la cinta, aunque como muchos saben, de ese problema no pudimos deshacernos del todo hasta la llegada del CD.


Compact Cassette, Thegreenj, CC BY-SA 3.0

Philips elige el diseño del equipo belga como ganador y en 1963 lo lanza al mercado. Así nació el Compact Cassette, aunque todos lo conocemos simplemente como Cassette.


Al principio no era tan buena la calidad del sonido, los LP seguían siendo el formato preferido y para resolver la portabilidad estaban los 8-Track, un dispositivo que muchos nos saltamos pues la tecnología no llegó a ser tan masivamente aceptada en el mundo. Eran básicamente cartuchos de cinta robustos que almacenaban hasta 80 minutos de audio, habían reproductores domésticos pero los más populares eran los que venían instalados en los autos. Si recuerdas la escena de la película Men in Black (Hombres de negro) cuando Kay y Jay tienen que atravesar un túnel para llegar rápido a Queens, sabes de qué estoy hablando.


8-Track, CZmarlin, CC BY-SA 3.0

En esa escena, Jay presiona el botón rojo que activa unos propulsores que lanzan el auto a toda velocidad por el techo del túnel evitando así el tráfico. Disfrutando el momento, Kay saca un cartucho, lo pone en el reproductor y canta mientras suena Promised Land de Elvis, ese cartucho era un 8-Track.


Hacia el final de los 70 el cassette estaba listo para tomarse el mundo, entonces Philips, que se encontraba en una carrera con varías compañías que querían que sus propias versiones se estandarizaran mundialmente, apunta a Japón, donde estaban los grandes fabricantes de dispositivos electrónicos, allá fueron capaces de lograr una alianza con una compañía que les trajo menos dinero del que esperaban pero catapultó el cassette a la cima del éxito, el acuerdo era que Philips no cobrara licencia por el formato y la compañía presionando para que el acuerdo se consolidara, era Sony.


El papel de nosotros mismos – por: @LKaosr

En 1979 en el parque Yoyogi de Tokio, un grupo de periodistas se encontraba reunido para un evento especial, Sony los había invitado para presentar su nuevo lanzamiento. Nadie tenía mucha de idea de qué se trataba todo, excepto por el nombre del dispositivo que les acababan de entregar a cada uno, era una cajita de plástico llamada Walkman, el reproductor de cassettes más popular de la historia y el compañero inseparable de muchos niños y jóvenes durante los 80 y 90. Pero en este punto apenas lo estaban mostrando por primera vez al público, los momentos inolvidables vendrían algunos años después.

Los Walkmans que les entregaron a los periodistas ese día en Tokio, ya tenían un cassette adentro. Entonces alguien les da la indicación de ponerse los audífonos anaranjados con los que venía el aparato y presionar Play a la cuenta de tres. Y así, sincronizadamente empezaron todos a escuchar una grabación, era una voz dándoles la bienvenida e invitándolos a mirar a su alrededor. En ese momento, como si entraran de repente a una película, los invitados vieron niños en patines, gente haciendo ejercicio, chicos en patinetas y hasta un monje budista, todos, usando audífonos anaranjados y cargando sus Walkmans mientras hacían sus actividades cotidianas. Un escenario normal para nuestra época, pero en aquel entonces apenas sería posible imaginarse tal escena.

Debió ser como ver por una ventana hacia el futuro, porque evidentemente la situación no era real, era un grupo de actores interpretando el papel de nosotros mismos cinco años después.


Nuestras actividades humanas favoritas – por: @DavidHM

Durante las siguientes dos décadas, el cassette se encargó de dominar nuestras vidas y uno de los atractivos que más nos generó dependencia fue la portabilidad.

Sony Walkman, Xray40000 from Düsseldorf, Deutschland, CC BY 2.0

El Walkman cambió las reglas, de pronto, salir a caminar por el centro, ir al gimnasio, preparar la comida para una cita romántica en casa, salir a pasear al perro, hacer aseo, recostar la cabeza en la ventanilla del tren en un viaje largo, sentarse en el parque a tomar el sol, acostarse sobre un techo a ver las estrellas, todo tenía ahora su propia banda sonora.

Atrás quedó el reproductor de LP con forma de portafolios que consumía baterías gigantes y requería cuidado, preparación y espacio. El Walkman nos ofreció por primera vez la posibilidad de tener una experiencia verdaderamente individual con la música, pero no nos alejó de la colectividad, hizo que fuera incluso más fácil y práctico.

Imagina por un momento que estamos en el año 1981 y tienes 16 años. Es viernes y acabas de llegar del colegio o la escuela, entras a tu casa, te diriges a tu habitación, destierras de tu bolso, mochila o morral todos los libros porque no quieres aprender nada más durante los próximos dos días, y en su lugar guardas una selección de tus cassettes favoritos. Luego te arreglas para salir y te vas a juntar con tus amigos para una tarde de juegos, chismes y música. Por supuesto, en el camino te vas escuchando tu Walkman.

Esa era una escena común en la época, además, en esas interacciones amistosas donde la gente se reunía para compartir sus bandas y artistas favoritos, floreció otro de los valores más especiales del cassette, una característica que venía con ellos desde el principio, pero que con la música llegó al siguiente nivel.

Finalmente te encuentras con tus amigos, es la casa del chico o chica de tu grupo a cuyos padres les va mejor, y por lo tanto tiene una habitación, patio o terraza amplia y el último y más cool aparato para poner cassettes, un Boombox, también llamado Radiocassette o Grabadora.


Boombox, Puding Jahodový, Public domain

Era básicamente una caja pesada con parlantes integrados y la capacidad de reproducir cassettes y radio, fue diseñado originalmente también por Philips. Algunos modelos sucesores incluso tenían un mini televisor integrado.


Entonces, con el orgullo que sientes por tu exquisito gusto musical, sacas uno de tus cassettes favoritos, lo sostienes en el aire mientras produces con tu voz la nota sostenida de una aparición celestial y lo pones a reproducir. Veinte segundos entrada la primera canción, pasa lo que habías anticipado, alguien dice: “No, espera, esto va ya para mi colección”, saca del bolsillo un cassette en blanco, lo pone en la segunda casetera de la grabadora y procede a hacer una copia de la canción, transfiriendo el sonido de un cassette a otro mientras todos siguen escuchando.

La habilidad de grabar siempre estuvo ahí, y sin el conflicto moral de sentir que estás haciendo algo ilegal, como pasa ahora con la industria digital, donde pagas por el derecho a reproducir las canciones, nada más. Pero claro que el beneficio iba más allá de la música, nos ayudó a hacer una de nuestras actividades humanas favoritas, documentar nuestras vidas.


Por otro lado, mientras allá los hermanos usaban los cassettes para grabar música a punta de palos, botellas y gaitas, Carlos, que es de la siguiente generación, los usaba de una manera un poco distinta.


La personalización de la música – por: @LauraVH

De vuelta a la reunión de amigos en 1981. La tarde transcurre entre rumores de quién tiene una relación secreta con quién, de planes para las vacaciones y el intercambio de hallazgos musicales del cual tomaste provecho también. Te vas a casa con un cassette en blanco que habías llevado, ahora lleno de canciones de distintos artistas. No podías saberlo en ese momento, pero creaste una de las primeras listas personalizadas de música de la historia.

En inglés las llamaron Mixtapes y son en esencia una lista de reproducción como cualquiera de las que hoy creamos para acompañar nuestros estados de ánimo o actividad, como: “Bailables”, “Románticas” o “Música para planchar”.

La diferencia es que en vez de ser generadas automáticamente por un algoritmo que analiza nuestras preferencias, o crearlas con una biblioteca casi infinita de música en internet, tenías que escuchar toda la canción mientras pasaba de una cinta a la otra, calcular que tuvieras suficientes minutos libres para lo que querías copiar, y solo era posible si capturabas las canciones de la radio, de un LP, o tenías amigos con muchos cassettes y buena onda que te permitieran copiarlos.


Carlos no se preocupó mucho con la gestión de copia de canciones, no era algo que le obsesionara, pero experimentó los Mixtapes de una manera más práctica.


Aquí termina la primera parte de este especial. El próximo viernes hablaremos de cómo los cassettes llevaron la personalización de la música a su máxima expresión, de cuando fueron un arma de guerra, de cuando dieron paso a una subcultura oriental y de cuando crearon la primera versión del internet.


Bonus Track

“Tarara rira ra rará”
Bing Crosby y Louis Armstrong


La próxima semana:

Cassettes · La era de la libertad (parte II)


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Published by Leon Bernard

Busco el equilibrio en la creación, poniendo en la balanza el pensamiento estratégico y la libertad para producir música y escribir historias.

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