El CD y otros formatos perdidos (parte II)

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El Compact Disc marcó la vida de los chicos en los 90, pero no fue el único formato, los otros eran una amenaza y tuvieron que ser silenciados.

Una colección de historias

Con los CDs nuestros oídos se adaptaron al sonido cristalino de un archivo de audio digital comprimido. Esto pasó porque las compañías de tecnología doméstica buscan siempre satisfacer un par de necesidades contradictorias de la vida moderna: queremos tener muchas cosas y también todo el espacio libre que sea posible. Como cuando te mudas a una nueva casa, no quieres llenarla de inmediato, debe haber espacio y tiempo para ocuparlo con cosas nuevas.

Los CDs ofrecieron esa clase de experiencia, igual que lo hizo el LP en su momento. Tienes toda esa capacidad disponible, ¿qué vas a hacer con ella? Y la respuesta va desde la música al cine, pasando por los cursos, las enciclopedias y los videojuegos.

Pero finalmente su momento pasó, dejamos a un lado los discos, las cajitas de plástico que a veces venían de color, los librillos adentro con la letra de las canciones y fotos de la banda, la sensación satisfactoria similar a la que dan los chocolates cuando rompes el plástico protector que cubre la caja, el olor a nuevo y las canciones escondidas. Y aunque no se han ido en realidad, ya no representan nuestra forma preferida de escuchar música. Pero nos queda algo más valioso…

Una colección de historias

Black Herald
Nancy’s Dog
10K Michael
Bad Gift

La guerra de los formatos

El momento en que dejamos los CDs es más o menos claro, pero hay una historia alternativa que muchos no conocimos, un momento entre el cassette y el CD en el que tuvo lugar una guerra de formatos que lucharon por convertirse en el favorito, pero cuyas características, ponían nerviosa a la industria.

Cuando todavía consumíamos la música exclusivamente en medios físicos, necesitábamos dos cosas. La primera era el medio, es decir, el objeto en el que estaba almacenada la música. Acá hablamos de los LPs, los cassettes y los CDs. Luego, para poder escuchar cualquiera de esos medios, necesitábamos un reproductor. Ahí entran los tocadiscos, las grabadoras, los Walkmans, los Discman y toda clase de invenciones que prometían una mejor experiencia musical.

Tener uno sin el otro era inútil, pero de ambos el más importante siempre fue el primero, el tesoro más preciado con el nombre más aburrido, era, el formato estándar. Todos lo querían, y la razón es simple, era una mina de oro. La compañía dueña del estándar puede cobrar una licencia a otras que quieran desarrollar un reproductor y también a las que quieran recrearlo.

Así que claramente empresas como Sony y Philips entrarían en la carrera invirtiendo en desarrollo y marketing para ganar la guerra de los formatos. Así fue con el LP, con el cassette y con el CD, todos fueron ganadores de la guerra de su generación. Y ¿quién lo decidió?, en principio nosotros mismos como consumidores al elegir y pagar por ellos y no por otros formatos. Pero como la historia la escriben los que ganan, el CD que parece ser una simple transición tecnológica, tuvo en realidad un par de fuertes rivales que se quedaron en el camino, convirtiéndose en formatos perdidos de los que mucha gente en las Américas nunca supo, y eso fue completamente intencional.

Algo no encaja

El cassette y el Walkman sin duda fueron una revolución cultural y tecnológica, nuestras vidas cambiaron con ellos y la experiencia de escuchar música tuvo un verdadero avance. Veníamos de tener LPs con mecanismos simples pero delicados, discos de 30 cm, reproductores que eran en realidad muebles y prácticamente cero portabilidad.

Todo eso cambió con el cassette. Un medio tremendamente más pequeño, práctico y durable. Lo podías llevar en el bolsillo y en el estero del auto, trajo además la comodidad de poder grabar audio con un micrófono externo, y por supuesto, la habilidad de compartir música con tus amigos con tremenda facilidad.

Luego vino el CD y los elementos clave de esa lista de atributos se perdieron. Viéndolo en retrospectiva y poniendo en juicio la historia, parece haber sido más un paso hacia atrás que un verdadero avance, algo no encaja.

Pasó desapercibida

Si la tendencia de la tecnología es moverse en función de la conveniencia, ¿por qué terminamos usando CDs? Eran más grandes que un cassette, los Discman no cabían en tus bolsillos y saltaban de canción en canción con un movimiento brusco, no podías usarlos en tu auto y tampoco mientras hacías ejercicio en el parque. Esa fue la imagen que nos vendió la idea del Walkman, y de repente ya no era posible.

Tampoco podías personalizar tu música. Ese atributo que dio paso a la era de la libertad con los cassettes, salió por la ventana con los CDs. Nada de grabar de un disco a otro, nada de capturar sonidos en vivo, nada de hacer Mixtapes y marcarlos con tu propia letra.

La mayoría de esas cosas mejoraron eventualmente, lo cual es irónico porque en realidad ya las teníamos con el cassette, entonces la pregunta permanece: ¿por qué nos cambiamos a los CDs? Bueno, trajeron mayor capacidad de almacenamiento, cero riesgo de enredarse con la cinta y lo más importante, poder saltar a tu canción favorita sin tener que adivinar dónde era que empezaba. Pero, ¿no hubiese sido mejor tener algo que mantuviera todos los beneficios del cassette y ofreciera adicionalmente unos nuevos?, por supuesto, y la tecnología con esas facultades existió, solo que pasó desapercibida.

Una suave transición

Entrando los 90 el CD venía lentamente tomando fuerza y cómo siempre es una lotería saber con qué la gente se va obsesionar, las compañías de tecnología desarrollan diferentes proyectos simultáneamente, por eso, aunque Sony y Philips habían creado el CD, también sabían que podía nunca llegar a ser un éxito masivo y tenían que tener otras propuestas de formato digital.

Philips estaba convencido de que todavía había oportunidades para la cinta magnética, después de todo, el cassette había sido un éxito tremendo, era económico y confiable.


Philips Digital Compact Cassett, JPRoche, CC BY-SA 3.0

Entonces deciden que el camino era la evolución ligera del formato, y en 1992 en alianza con Panasonic, lanzan el Digital Compact Cassette. Las dimensiones eran similares a las del modelo convencional pero el diseño era más moderno.


El razonamiento era el siguiente: todos teníamos en casa nuestras colecciones de cassettes y varios tipos de reproductores, la propuesta de Philips era: con los nuevos cassettes digitales, accedes a los beneficios de la nueva tecnología, mejor calidad de audio, no tener que pasar del Lado A al Lado B y en general, una mejor experiencia. Pero no te vamos a hacer pasar por un cambio traumático, no será como cuando tuviste que saltar de los LPs a los cassettes, no, porque con el nuevo reproductor digital puedes usar tus viejos cassettes.

Era una propuesta tentadora, no tenías que abandonar la música que ya tenías, por el contrario, prolongabas su existencia mientras poco a poco ibas a armando tu colección en cassette digital. Sería una suave transición.

Otro beneficio importante era que ya no tenías que calcular dónde quedaba tu canción favorita, al ser digital solo tenías que marcar su número correspondiente y el dispositivo te llevaba hasta ella. Igual que con los CDs pero no era tan divertido, porque al ser cinta magnética, el reproductor tenía que buscar la canción haciendo rodar el cassette hasta encontrarla y nadie tiene tiempo para eso.

Un triángulo amoroso

Mientras Philips le apostaba a la cinta, Sony seguía una nueva ruta. Se sentaron a diseñar algo que tuviese todos los atributos del CD pero conservara los beneficios del cassette, el resultado fue el MiniDisc en 1992. 

Visualmente el medio es como el resultado de un triángulo amoroso entre un cassette, un CD y un diskette. Vienen en un cascarón de plástico como los cassettes, dentro hay una especie de micro CD y a un costado, hay una pequeña puerta metálica que se abre para acceder a la información, una vez el MiniDisc es insertado en el reproductor, así como los diskettes. Todo en una cajita de 5 mm de alto y 7 cm2.

El primer modelo de reproductor era costoso, grande y pesado. El segundo era bastante más pequeño y venía con la tecnología anti-salto que aún no tenía ningún reproductor de CDs, así que era portátil y conveniente, podías guardarlo en un bolsillo y olvidarte de él.


MiniDisc Sharp MT90
MiniDisc Sharp MT90

También podías editar el contenido directamente con los botones del aparato, recortar, unir, renombrar y reorganizar tus canciones. Funciones con las cuales hacer Mixtapes era más divertido. Toda esa libertad que proponían el MiniDisc y el cassette digital, fue precisamente lo que atrajo la atención de un gigante, y pronto tuvieron que enfrentarse a un rival invencible.


El arma de la culpa

Pistas han venido quedando a lo largo de esta serie, pintando la silueta de un villano sin rostro. Es momento de sacarlo completamente a la luz.

Resulta que cuando salió el cassette en los 60, no era más que un dispositivo utilitario y de entretenimiento para el hogar, era para que la gente grabara su voz y otros sonidos. Parecía que eso sería todo, pero en la medida que la calidad de audio mejoró, fue encontrando un lugar en el mundo de la música pregrabada, luego llegó el Walkman de repente y revolucionó todo.

Parpadeamos y pasaron 10 años, nuestras colecciones de cassettes eran gigantes y constaban de algunos cassettes originales y el resto eran copias.

Para nosotros eso era normal, pero no para las disqueras y pesos pesados de la industria de la música, quienes viendo con recelo nuestras bibliotecas de cassettes y horrorizados por la cantidad ridícula de copias personalizadas con errores de ortografía y letra de niños de preescolar, dijeron con venganza en la mirada: nunca más.

Y así salió de las sombras el villano y todo tuvo sentido. El cassette digital y el MiniDisc, ofrecían demasiada libertad. Uno podía tomar prestado el CD de algún amigo y luego copiarlo a otro formato sin que hubiese pérdida de calidad, no sería realmente una copia sino una réplica.

Pero las disqueras no querían eso, querían que tú y tus amigos compraran cada uno su propio CD. Sabían que para la época nadie tenía quemadores, en 1992 esos aparatos costaban más de 10 mil dólares y la tecnología de CDs regrabables ni siquiera existía, eso llegó hasta 1997. En cambio, todas estas funcionalidades venían integradas con los MiniDisc, cinco años antes.

Así que ejecutivos y abogados de la industria, se pusieron sus trajes y salieron determinados a contener la amenaza. A través de medios políticos lograron frenar legalmente el avance de otros formatos, mientras con campañas de comunicación masiva, desanimaban a los consumidores a siquiera acercarse a ellos, usando la siempre efectiva y poderosa arma de la culpa. Copiar música ahora era ilegal.

Llegó a apagar las luces

Por alguna razón Sony y Philips a pesar de ser los creadores del CD, preferían impulsar otros formatos, intentaron poner resistencia usando las disqueras americanas que habían adquirido a finales de los ochenta, así pudieron impulsar el MiniDisc y el Digital Compact Cassette con artistas como Bruce Springsteen, Mariah Carrey, Beastie Boys y Michael Jackson.

Pero no fue suficiente, el cassette digital murió poco después y el MiniDisc proliferó principalmente en Europa y Japón, donde las leyes y la cultura permitieron que fuera incluso más popular que el CD, pero no como el medio predilecto para comprar música original, sino para hacer copias y Mixtapes.

Sony continuó apoyando el formato sacando nuevos modelos e innovando con cada uno, otras compañías como Sharp y Panasonic licenciaron la tecnología e hicieron lo mismo durante más o menos catorce años.

Posiblemente estaría todavía vivo y disfrutando el éxito en otros continentes aparte de las Américas, sino fuese por un nuevo rival que llegó a apagar las luces, mandando para su casa a los ingenieros de cualquier otro tipo de tecnología para escuchar música. Su nombre es iPod.

Pronto se convertirán en recuerdos

El 23 de octubre de 2001 llegó el futuro. Apple lanza el primer modelo del iPod y enseguida se convierte en un fenómeno cultural, el eslogan: “Mil canciones en tu bolsillo” lo decía todo.


5 gigabytes de capacidad de almacenamiento era suficiente para saciar el apetito musical de cualquiera, se convirtió en el verdadero sucesor del Walkman, no por la tecnología sino por la revolución que causó y el cambio de mentalidad que nos produjo, al convencernos de que el internet era la mejor forma de comprar y consumir música.


El resto de la historia ya la conocemos porque la estamos viviendo, las plataformas de streaming para bien o para mal, son la forma que preferimos usar. Hace más o menos una década que su popularidad viene subiendo a niveles verdaderamente universales, las historias todavía se están formando, pronto se convertirán en recuerdos que podremos sacar del baúl de la memoria y apreciarlos, como hicimos con los formatos perdidos.


Bonus Track

Comercial Digital Compact Cassette

Comercial MiniDisc

Las canciones que acompañaron las historias

Museum of Obsolete Media(Jason Curtis), CC BY-SA 4.0

VinylDisc

Un formato híbrido. Por un lado tiene surcos para reproducir en un tocadiscos y por el otro es un CD normal. Fue creado en 2007. Lo han usado bandas como Paramore y The Mars Volta.


SlotMusic

Tarjetas microSD precargadas con álbumes oficiales de artistas en formato mp3. Fue creado por SanDisk en 2008.


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Published by Leon Bernard

Busco el equilibrio en la creación, poniendo en la balanza el pensamiento estratégico y la libertad para producir música y escribir historias.

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