Smooth. Pasó la prueba del tiempo.

· Podcast ·

Versión narrada

También puedes escuchar aquí 👆

· Artículo ·

Versión escrita

Ser una estrella de la música a los 50 años es posible cuando sabes cruzar entre dimensiones generacionales.

Las fronteras de la música

Dicen que “Jalisco es México”, la razón es que varios de los símbolos internacionalmente reconocidos de la cultura mexicana provienen de esa zona de la costa pacífica del país, donde hace más de 15.000 años llegaron nómadas a establecer su hogar, dando paso a través de los siglos, a la gran familia Azteca. Luego llegó Hernán Cortés y su combo de aficionados a la colonización, a borrar del mapa la frontera y propiedad de la cultura precolombina.


Cristóbal de Olid leads Spanish soldiers with Tlaxcalan allies in the conquests of Jalisco, 1522.

Pero aunque traumático el encuentro, los años pasaron y generación tras generación, la mezcla de influencias fue tejiendo con las fibras naturales de aquí y de allá, tradiciones pintorescas que para el mundo son indudablemente mexicanas.


El mariachi, el tequila, las faldas anchas adornadas con moños o listones, la charrería (una de tantas versiones de rodeo, de donde viene el término “charro”), y los sombreros de ala tremendamente ancha que con frecuencia le encontramos valor en la comedia. Todos tuvieron su origen en el Estado Libre y Soberano de Jalisco.

Pero aparte de todo lo visualmente simpático, hay otro símbolo cultural con valor para la humanidad que también es original de la zona, un representante de la mezcla que dedicó su vida a cruzar las fronteras de la música, su nombre es Carlos Humberto, pero todos le decimos Santana.

Un rompimiento y un reencuentro

En 1947, en Autlán de Navarro, una ciudad al suroeste de Jalisco, nació Carlos Santana. Su padre, un mariachi local, supervisó la primera etapa de su aprendizaje musical, mientras aprendía a tocar el violín a los cinco años y la guitarra a los ocho, edad en la que tomó gran interés en el blues de B.B. King y John Lee Hooker, así como en los primeros representantes del rock como Ritchie Valen, conocido por haber creado un hit de radio en 1959 basado en una canción folclórica mexicana llamada “La Bamba”.


Sellenman, CC BY-SA 3.0

Buscando estabilidad laboral, la familia se muda a San Francisco, Carlos va a la escuela pero decide no seguir estudiando a pesar de ser aceptado en dos universidades de California. Allí crece viendo tomar fuerza al movimiento hippie de los 60, y trabajando como lavador de platos para poder juntar dinero y cambiar la vieja guitarra eléctrica casi destruída que tenía, por una Gibson SG.


Habiendo llegado a un nivel de admirable talento, finalmente decide formar su propia banda y en 1966, Carlos se va a reclutar a sus compañeros músicos de la calle para fundar la Santana Blues Band. En ella, a punta de guitarra, bajo, percusión y un órgano Hammond, crearon una mezcla altamente original de rock, jazz, blues, salsa y música afrolatina, donde una canción podía empezar como un son tranquilo y bailable para de repente reventar con un solo estridente de guitarra distorsionada, uniendo efectivamente varios mundos en un mismo universo musical.


Santana (1971)

El éxito local no se hizo esperar, con su propuesta innovadora, pronto ganaron su propio séquito de fans en el circuito de clubes de San Francisco. De ahí en adelante el camino sería solo hacia arriba y los próximos años marcarían la consolidación de Carlos como un ícono de la guitarra.


Pero como toda forma de éxito tiene picos de popularidad que se dan por las condiciones culturales del momento, saliendo de los 80 y durante la próxima década, Santana no vería mucho éxito comercial, al menos no al nivel que estaba acostumbrado. Hizo falta un rompimiento y un encuentro para regresar y sellar definitivamente su estatus de leyenda.

Un escalón del éxito

En 1990, Santana decide mudarse de casa disquera, y después de 22 años con Columbia Records, se marcha dejándola por la holandesa PolyGram, hija de la compañía creadora de los cassettes, Philips. Pero los planetas no se alinearon con esa nueva relación y después de cuatro álbumes y casi diez años las ventas no fueron particularmente buenas y una vez más hubo que tomar caminos separados.


Carlos Santana 1978. Chris Hakkens, CC BY-SA 2.0

El éxito masivo de su carrera había quedado atrás con canciones como “Evil Ways” y “Oye como va”. Al subirse al auto con sus hijos y encender la radio siempre había alguno que haciendo una crítica amable a su padre, señalaba que era más común escuchar a Eric Clapton, y cuando sonaba algo de él siempre era Black Magic Woman, una canción de otra banda que Carlos hizo famosa en 1970.


De aquella época gloriosa que ahora, (en 1997) parecía haber sido miles de años atrás, quedaron amigos y colegas que fueron clave durante esa etapa de fama y juventud. Entre ellos estaba Clive Davis, un productor que había trabajado con Carlos en Columbia Records y ahora se sentaba en la silla de Presidente de Arista Records.


Radio City (Unsplash) Ian dooley nativemello, CC0

Teniendo fe en Clive y la sensación duradera de haber hecho las cosas bien en el pasado, Carlos lo invita a un show, dejando sobre la mesa la posibilidad de volver a trabajar juntos. Al llegar a la presentación en Radio City en NuevaYork, Clive descubre con agrado que su viejo amigo Santana, ahora de 50 años, seguía tocando la guitarra como un animal, con ese brillo natural que tienen en el escenario los virtuosos.


Pero además de notar con satisfacción esa cualidad del músico mexicano, observó también con curiosidad algo particular de la escena, todos los músicos que lo acompañaban eran menores que él, además, la audiencia era bastante diversa, todos los grupos étnicos representados, todos los géneros presentes y todas las edades disfrutando el evento. 

Entonces ahí, como en las caricaturas, el bombillo que representa una buena idea, se prendió en la cabeza de Clive, algo que dispararía a Santana a un escalón del éxito incluso más alto que el que había logrado antes.

Todo muy joven

Solo hay una manera en la que esto puede funcionar, dijo Clive en una reunión con Carlos poco después del show en Nueva York, y luego continúo; la única forma de tener un chance de producir un nuevo hit es si tú y yo hacemos un acuerdo.

El acuerdo consistía en que la mitad del próximo álbum tenía que estar compuesto por canciones que el mismo Clive trajera y Carlos debía con ciega fe y confianza, permitirle hacerlo con total libertad y sin poner resistencia, el resto del álbum podría ser lo que el guitarrista quisiera. Santana aceptó de inmediato. Seguro fue por la confianza mutua que se tenían y la posibilidad de volver a poner un hit en la radio, la última vez había sido más de 20 años atrás.

Y así, se pusieron manos a la obra. La estrategia de Clive nació de la revelación que tuvo aquel día en el show de Radio City. Al notar la diferencia de edades entre Carlos y sus músicos y apreciando la diversidad de los asistentes, calculó que una idea con potencial de éxito sería buscar escritores y músicos jóvenes de distintos géneros y estilos para juntarlos en el estudio con Carlos.

El truco estaba en elegir bien a los invitados, pues no podía poner en juego la integridad musical de Santana, debía ser un álbum de colaboraciones que se sintieran naturales y no forzadas con el simple fin de generar noticia, esto debía ser duradero.

Tal vez el reto más grande era infiltrarse en las listas de popularidad. Cruzando la frontera de los 90 en dirección a un nuevo siglo, el estilo de rock en el que nació y creció Santana, servía más como inspiración para los nuevos músicos que como género dominante. Eran épocas de Backstreet Boys y Britney Spears. Todo muy joven, todo muy pop.

La habitación 17

Entra en escena un nuevo personaje llamado Pete Ganbarg, un ejecutivo del departamento de Artistas y Repertorio asignado al proyecto. Pete tuvo una buena idea: salgamos a buscar músicos jóvenes que hayan crecido escuchando Santana. Establecido el objetivo de la misión, fueron rastreando y llevando al estudio artistas como Lauryn Hill, Dave Matthews y Everlast.


Dave Matthews in Concert in Camden, NJ. slgckgc, CC BY 2.0

Pero aún faltaba ese sencillo principal con el que se suelen lanzar los álbumes para atraer la atención masiva. El tiempo se acababa y la presión por seguir gastando recursos caía sobre los hombros de Pete, pero él seguía sintiendo que hacía falta una canción principal. Entonces una vez más el azar de la vida que nos pone en situaciones afortunadas, hizo su entrada triunfante.


Resulta que un amigo de Pete representaba a un compositor que habiéndose enterado del proyecto de Santana, mostró interés en escribir algo para él, era Itaal Shur.

Después de una reunión hubo un acuerdo e Itaal se puso a trabajar. El compositor había crecido escuchando Santana y tenía gran respeto por su música, por eso cuando escuchó las otras canciones que ya estaban listas, notó que ninguna tenía esa cadencia característica de los éxitos viejos de Carlos, así que decidió buscar la manera de llegar a un sonido familiar pero actualizado. El resultado fue un track llamado “Room 17” (habitación 17).

Al escuchar la canción y teniendo ya poco tiempo para cerrar el álbum, Pete le dice a Itaal: Mira, hay buenas y malas noticias; la buena es que la música me gusta mucho, la mala es que la letra está mal. La canción hablaba de la “habitación 17”, una referencia popular usada para indicar la habitación de hotel en la que las groupies esperan a los artistas después de un show, un espacio en el que pueden cumplir el deseo íntimo de estar con su ídolo a puertas cerradas. Y conociendo a Carlos, Pete sabía que nunca se asociaría con una canción así.

Itaal argumentó que la canción no era acerca de eso, era acerca de una pareja enamorada que debía mantener su relación en secreto, pero la connotación estaba ahí y Pete no la dejaría pasar. Así que después de intercambiar gritos de desacuerdo, el ejecutivo gana la batalla y adquieren un nuevo compromiso, le quitarían la voz a la grabación y dejarían solo la instrumentación para que otro compositor transformara la letra en otra cosa.

Una versión modernizada de Carlos

La tarea de búsqueda no fue muy lejos, Pete llama a uno de sus mejores amigos, el Vicepresidente de EMI Music Publishing, Evan Lamberg, le pone a escuchar la canción a través del teléfono porque en esa época todavía no podíamos enviar mp3 por mail como sin nada, y ahí mismo le presenta el reto, conseguir alguien ideal para hacer una nueva letra y melodía para Room 17. Evan le dice: lo tengo, se llama Rob Thomas, el cantante de la banda Matchbox Twenty, el tipo acaba de llegar de gira y se la pasa en casa fumando y jugando PlayStation.


Rob Thomas. Martini, CC BY-SA 4.0

A Rob le emocionaba la idea de escribir su primera canción para alguien más, no planeaba cantarla pero sí esperaba la oportunidad de conocer a Carlos ya que nunca había tenido la oportunidad.


Entonces se pone a buscar la siempre elusiva inspiración. Primero pensó en Santana como foco de la letra, pero después cayó en cuenta que tenía en casa una musa invencible. Era su prometida, una modelo puertorriqueña de Queens llamada Marisol la cual ya había usado como fuente de inspiración, pero siempre era acerca de peleas que habían tenido, esta era una oportunidad para hacer una carta de amor a su futura esposa, además el hecho de que fuese latina hacía que tuviera sentido todo y encajara con la idea de Itaal de hacer una versión modernizada de los viejos hits de Santana.

Valió la pena

La canción finalmente tomó forma y después de días de trabajo y retrabajo involucrando más personas de lo usual, todos estuvieron de acuerdo en que este era el single que estaban buscando, el eslabón perdido del proceso creativo, todos excepto Santana.

Según la historia de Pete, después de escuchar el demo, Carlos odió la canción ahora re-titulada “Smooth”. Le pareció que sonaba mucho a sus canciones viejas, particularmente a una llamada Guajira, de 1971 y en realidad quería explorar fuera del terreno conocido. Además, no pensaba mucho en términos de popularidad para la radio, pensaba como suelen hacer los artistas, en su arte. 

Pero para pensar en la música monetizable están los ejecutivos de las disqueras, así que después de varios intentos fallidos, Pete vuelve a insistir convencido de que no podían dejar pasar esta oportunidad. Esta vez la respuesta fue más determinante, Carlos no grabaría la canción a menos que Clive estuviese de acuerdo en que valía la pena y se lo dijera directamente. Y así fue, una carta de su amigo productor de hace 30 años fue suficiente para que Santana accediera a grabar la que sería su canción más exitosa.

Las reglas generacionales

Todo empezó por la necesidad de una última canción para lanzar un álbum que era bueno pero parecía incompleto, y la presión de la gente de contabilidad por terminarlo. Luego resulta que la música era buena pero la letra no, después el artista, quien además pertenecía a la generación anterior y había perdido relevancia, no la quería, aparte la radio tampoco la quería por la misma razón.


Santana performing in 2000. CC BY-SA 3.0

Y aun así, a pesar de las dificultades, Smooth se convirtió en el single más comercialmente importante de la carrera de Santana. Supernatural, el álbum en el que aparece, vendió más de 15 millones de copias. La estrategia de reclutar otros artistas y en particular a los más jóvenes, dio frutos, canciones como Put Your Lights On, María María y Corazón espinado respaldaron el valor comercial y popular del disco en una época en la que este tipo de colaboraciones inter-generacionales, no eran comunes.


En la siguiente edición de los Grammy, Carlos salió con 8 estatuillas, tres de ellas exclusivamente por Smooth, se convirtió en el segundo single más vendido de la historia después de la versión de El Twist” de Chubby Checker en 1960. Se convirtió en una de esas canciones que suena bien siempre, desafió la idea de la popularidad como algo exclusivamente joven y pasó la prueba del tiempo.


Bonus Track


Para la alcancía

Si quieres donar, este es el lugar.

$3.00

Recibe una notificación en tu mail cada vez que salga un nuevo post 👇

Published by Leon Bernard

Busco el equilibrio en la creación, poniendo en la balanza el pensamiento estratégico y la libertad para producir música y escribir historias.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: