Música y letras. En busca de los contrastes.

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Versión narrada

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Invitados

J. Mejía
J. Silva
Chemosh

· Artículo ·

Versión escrita

Al principio la música era simplemente sonido, pero cuando agregamos palabras, todo cambió.

Cosas que se tienen que decir

La música, como otras formas de arte, no tiene una relevancia evolutiva, no la necesitamos para aumentar nuestras probabilidades de supervivencia ni es el método más conveniente para transmitir un mensaje, excepto cuando tiene la ayuda de un escritor y un cantante que agregando palabras y melodías, crean lo que llamamos canciones; construcciones musicales hechas para expresar, ideas y emociones usando un lenguaje hablado.

Entonces resulta un tanto curioso pensar que nuestra conexión con la música sea tan natural a pesar de no tener un propósito de vital importancia para nuestra humanidad.

Es cuando agregamos una forma de comunicación escrita que la música se vuelve un vehículo casi imparable que lleva una carga de cosas importantes; un sentimiento, un grito de inconformidad, una voz de aliento, una queja, una historia real o una de ficción. Todo con el fin de abarcar el inmenso espectro de cosas que se tienen que decir.

Al menos 40.000

Desde afuera, la cueva se ve en calma, parece vacía, pero tú sabes, por experiencia como cazador Neanderthal del Este de Europa, que en su oscuridad las probabilidades de encontrar una muerte segura, son altas. Pero la gratificación de enfrentar y superar el miedo es suficiente recompensa. Entonces con pasos lentos te adentras en la cueva, el silencio es absoluto, tienes chance de sobrevivir si atacas a la bestia mientras duerme.

Pero siempre hay piedras en el camino, y esta vez pateaste una de ellas, despertando con el ruido amplificado por la acústica de la cueva, al oso más grande que has visto en tu vida. Parece que firmaste una sentencia de muerte, no tienes chance frente a la bestia, así que tomas la decisión correcta, huir.

En la carrera tu único pensamiento y esperanza es poder llegar hasta el montículo que está a algunos metros de la entrada, la suerte y el adormecimiento del oso te ceden algo de terreno, pero sabes bien que no hay posibilidad de ganar la carrera, la muerte se acerca, pero no importa, sigues corriendo, llegas al montículo y saltas como un atleta olímpico impulsando tu cuerpo hacia adelante tanto como sea posible, las garras del oso rozan tu espalda. Luego un grito de dolor insoportable y después silencio. 

Sobre una trampa de lanzas enterradas en el piso y apuntando hacia arriba, en un agujero después del montículo, yace el oso perdiendo sangre rápidamente. Lograste eludir a la muerte esta vez. La caza servirá como alimento, ritual religioso, reconocimiento de valor y lo mejor de todo, podrás fabricar con un hueso del animal, una flauta.


En realidad es muy poco lo que sabemos de nuestros ancestros, no sabemos ni siquiera si cazaban osos como colorida y ficcionalmente quise describirlo. Los huesos y artefactos que dejaron, dan pistas pero no cuentan toda la historia.


Divje Babe flute. Petar Milošević, CC BY-SA 4.0

De cualquier forma, llama la atención que existan cosas como la flauta de Divje Babe, encontrada en 1995 en Eslovenia y hecha con el fémur de un oso de caverna, una especie extinta al parecer, hace 24.000 años, mientras que la flauta tiene al menos 40.000.


Un elemento esencial

En algún punto de nuestra evolución como especie y posiblemente después de haber descubierto la satisfacción de crear sonidos musicales con cualquier, palo, cuero, hueso o planta, empezamos a introducir palabras a la música.


Staatliche Antikensammlungen, Public domain.

Los antiguos griegos, por ejemplo, se los puede uno imaginar con ayuda de las películas, andando por ahí con sus túnicas y sandalias caminando y tocando sus liras, ese instrumento de cuerdas que parece un arpa miniatura y que a pesar de la asociación en el imaginario colectivo, es realmente un instrumento del Medio Oriente, como del año 2.600 antes de Cristo.


Cuando el griego que nos imaginamos se recuesta sobre un pilar de algún edificio y empieza a cantar, lo que escuchamos es básicamente poesía lírica, es decir, palabras organizadas para acompañar la música de la lira, de ahí luego saldría el término “lírica” que todos conocemos, un elemento esencial para poder crear una canción.


En la naturaleza está la obra… entonces voy a buscarla.

Pintorsuelo

Remix ancestral

La música instrumental puede fácilmente generar emociones grandes, pero también puede llegar a sentirse lejana, sublime incluso, como ver el horizonte desde la playa, solo puedes apreciar la inmensidad y agradecer que eres parte de ella.

Pero cuando la instrumentación lleva letra, el paisaje es más cercano y de repente, entras al agua a nadar con los delfines. Las palabras agregan una capa de expresión, porque permiten contar historias que pasan de una persona a otra, a veces a manera de poesía, a veces a manera de protesta, a veces con una idea muy directa y a veces oculta entre líneas, pero siempre buscando una forma de expresión que lleve un mensaje al oyente, o incluso la historia completa de tu vida.


River-Nile-near-Aswan. Alchemica, CC BY-SA 3.0

En tiempos medievales, a las orillas del río Nilo, al centro Este de África, el reino de Aloa dominado por los nubios, un grupo étnico de lo que ahora es Sudán, prosperaba. Aquella zona la ocupó desde mucho antes también otra cultura africana llamada Dinka.


Aloa se desintegró por las razones que los imperios se acaban, pasa su momento y llega alguien más fuerte. Pero los Dinka se quedaron, tomaron algo del vocabulario nubio y se establecieron en Sudán del Sur. Lo particular de esta cultura y el intercambio lingüístico, es que la música y las palabras se juntaron para crear un registro histórico de las personas, algo así como diarios cantados de la vida.


Sudanese tribesmen raid a Dinka village in around 1870

En la región de los Dinka el alfabetismo tardó un poco en llegar, por eso la escritura no era la manera de documentar sus vivencias, el conocimiento y las historias eran transmitidos únicamente de voz a voz. La ventaja es que su lenguaje es bastante flexible, no distinguen las palabras solo por vocales y consonantes, la duración de una vocal en incluso el tono en que se pronuncia, determina también el sentido de una oración. Aquí es donde la música entra en el juego.


Digamos que eres miembro de la comunidad Dinka y quieres crear un registro de tu historia, algo que cuente quién eres, de dónde vienes, las cosas que has vivido, tu familia y tus posesiones, quieres pasar esa información a tus hijos y nietos para que sepan también su origen. Pero el concepto de escritura no existe para ti, la manera más conveniente de preservar tus historias de una manera memorable, es si las conviertes en una canción.

Entonces decides ir donde un cantante de tu comunidad especialista en canciones crónicas, pasas un tiempo con él y le cuentas acerca de ti, como en una entrevista laboral cuando te dicen: “háblame de ti no de tu trabajo”. Luego vuelves a casa mientras el cantante se toma unos días para absorber la información y acomodar palabras que te describan, dentro de una melodía recordable.

Cuando está listo te llama y en una única sesión, te canta de corrido una canción de dos horas acerca de ti. A cambio le das una vaca o cualquier cantidad de dinero que hayan acordado. Ahora puedes regresar a casa y cantarle a tu familia tu canción que de por sí los incluye a ellos, luego hijos y nietos en su momento tomarán partes de tu canción para integrarlas a las suyas y así sucesivamente generación tras generación se crea un gran remix ancestral.

Un desorden inspirador

Con el tiempo esa combinación de letras e instrumentos se fue extendiendo hasta borrar los límites. Dejamos de hacer únicamente poesía lírica para acompañar la lira y empezamos a invertir el orden de composición, escribiendo primero un mensaje potente que luego se musicalizaría para darle un mayor alcance.

La forma de composición siempre dependió del artista, un cantautor que busca protestar contra la guerra, seguro preferirá escribir su discurso antes de tomar la guitarra y ponerle acordes, un artista hip hop puede preferir primero tener un ritmo de batería y bajo antes de poder sentirse en la atmósfera adecuada para escribir.

David Bowie solía usar la técnica de “los cortes”. Básicamente lo que hacía era escribir en un papel cualquier texto, luego tomaba unas tijeras y recortaba las frases, luego las revolvía como los papelitos en el juego del Amigo Secreto, y después empezaba a ponerlas una tras otra en un orden aleatorio, de la aparente falta de sentido salían a veces ideas que servían de inspiración para nuevas canciones.


David Bowie 1974. AVRO, CC BY-SA 3.0

Más adelante un amigo le creó un software de computadora en el que después de introducir las frases que quería, presionaba un botón y el programa armaba en segundos, un desorden inspirador.


A veces la expresión que dan las palabras viene después de que un músico domina su instrumento. Jimi Hendrix primero hizo cantar a su guitarra antes de decidirse a poner su voz en el micrófono, y DaveGhrol, primero reventó los tambores de la batería en Nirvana antes de ponerse al frente cantando para Foo Fighters. Para otros, escribir música y letras, es una cuestión académica.


Es una búsqueda… hay que escribir.

J. Silva

En algunos casos la composición sigue un patrón narrativo enmarcado en un tema central. Históricamente en la música moderna, ese patrón corresponde a un género; las rancheras hablan de despecho, las baladas de amor romántico, el country de la vida en el campo, el blues del dolor, la salsa de alegría, el reggaeton de fiesta y el metal del terror y la muerte.

Y no es que sea una regla, claramente no siempre se da de esta manera tan arbitrariamente generalizada, es simplemente que nos acostumbramos a que exista esa correlación, separar la música de su correspondiente universo narrativo, se siente raro, tal vez incorrecto.


Somos como un libro abierto.

Chemosh

Sin importar el método, la inspiración, el género musical o el propósito, escribir canciones permanece una actividad evolutivamente innecesaria pero que por alguna razón, se siente natural y obligatoria para quienes encuentran en la música el vehículo ideal para llevar un mensaje, una emoción o una historia, del papel a una melodía creada para encajar a la perfección la lírica con la lira.


Aquí termina la segunda temporada. Después de 21 episodios, es hora de tomar un descanso y salir a buscar otras historias en el mundo de la música. Gracias a todos los invitados que compartieron sus historias, voces, dibujos, videos, fotografías y demás. Espero encontrarnos una vez más en el camino que lleva a descubrir lo que ocultan las canciones.


Bonus Track

Colibrí – Pintorsuelo
A Soñar – Neto Station
Desmembratorio

Para la alcancía

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Published by Leon Bernard

Busco el equilibrio en la creación, poniendo en la balanza el pensamiento estratégico y la libertad para producir música y escribir historias.

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