Separación y soledad. La historia de: Rocket Man

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Cuando los viajes espaciales se vuelven una tarea cotidiana y la vida en Marte se vuelve insoportable, nace la inspiración para un éxito de los 70.

Ausencia prolongada

Los años 50 hace tiempo que pasaron a ser un tema más de los que aprendemos en las películas, y muchas veces, representados bajo una sombrilla de ficción e historias de una cultura extranjera, lo cual ayuda a la percepción de aquellos años como algo lejano y artificial, algo así como recordar las memorias de otra persona.

Nos gusta lo que no existe, el pasado y el futuro. En el pasado están los recuerdos y en el futuro la imaginación. Así que mientras nosotros contamos historias de los 50 que, al menos parcialmente, nos muestran una ventana a la vida en ese entonces, algunos escritores de esa década, nos miraban de vuelta a través de un portal al futuro, o como le decimos nosotros: el presente.


Planet Stories, Nov. 1953. Frank Kelly Freas

Pero a mediados del siglo 20, el futuro para los contadores de historias tenía otra cara, parecía que la vida cambiaría más rápido de lo que pensábamos y la ciencia-ficción sería solo ciencia. Fue en ese entonces, en 1951 más precisamente, que salió al público una colección de historias cortas llamada El hombre ilustrado, del escritor americano Ray Bradbury.


El tema recurrente es la tecnología del futuro y su impacto en la vida humana, algo así como la serie Black Mirror pero 60 años antes. Las historias son independientes, pero hay una pieza central que las conecta, un ex-miembro de un espectáculo de fenómenos o Freak Show. Su atributo espectacular era que tenía una gran cantidad de tatuajes por todo el cuerpo.

Pero atravesando la frontera del siglo 19, los circos de fenómenos llegaban al final de su viaje que los llevó a la popularidad masiva. Las raras deformaciones que tenían los personajes, no pudieron ser más presentadas con una narrativa extraordinaria, pues ya empezábamos a entenderlas desde la ciencia; actos como la mujer barbada, el esqueleto viviente y la niña de cuatro piernas, dejaron de ser vistos y comercializados como extrañas maravillas, siendo ahora entendidas como condiciones médicas que requerían ser tratadas en vez de ser expuestas en una vitrina.


Freak show 1941, Jack Delano

La moralidad de todos se puso en tela de juicio, pero poco antes el público general pagaba por verlos e incluso ayudó a que algunos actores y promotores se convirtieran en millonarios. Una prueba más de cómo los conceptos de correcto e incorrecto cambian con el tiempo.


El personaje tatuado de las historias de Ray Bradbury cuya rareza lo había hecho especial, ahora era apenas un vagabundo que llevaba marcada en la piel una colección de historias, cada una representada con un tatuaje, que según él, fueron hechos por una viajera del tiempo. Son esas historias las que le cuenta al narrador anónimo del libro y por consiguiente, a los lectores.

Una de las historias de aquella colección, ofrece una mirada al futuro de los viajes espaciales como algo que se hizo rutinario más o menos entre los años 2020 y 2030. Se convirtió en un trabajo más, pero que al ser una labor que demanda largos periodos de ausencia y peligro permanente cortesía de incontables asteroides, fallas mecánicas, radiación y toda clase de situaciones potencialmente letales, tener cualquier tipo de estabilidad familiar se hace difícil. Al mismo tiempo, la magnífica belleza del espacio exterior no es comparable con nada que haya en la tierra.

A este dilema se enfrenta el personaje principal de la historia, un piloto de cohete que viaja por todo el sistema solar, dejando a su esposa e hijo solos durante la mayoría del año, volviendo a casa cada tres meses y por solo 3 días. Esta ausencia prolongada que sumaba ya una década, agota emocionalmente a la mujer, quien termina desapegándose de su marido, sabiendo que a pesar de sus intentos por retenerlo, el hombre cohete un día se iría para nunca más volver.

Un homenaje

Cuatro años antes de la publicación de El hombre ilustrado, en 1947, nace en Londres Reginald Kenneth Dwight, un niño de esos que parecen haber llegado al mundo con una vocación preinstalada en su destino, con tanta claridad que lo único que les queda por hacer es descifrar mientras crecen, las instrucciones del manual secreto de la vida.

En el caso de Reginald, esa clara vocación era la música. Al principio, muy empíricamente se sentaba en el piano de su abuela y tocaba canciones de oído, con lo que a los siete años, ya podía entretener a la familia en fiestas y reuniones. Después vino la educación formal, la escuela clásica, por supuesto, por donde empiezan usualmente los que se ven atraídos por el piano en primer lugar.

Pero Reginald, aunque era uno de esos alumnos que sin estudiar demasiado, pasan las pruebas, no se consideraba un muy buen estudiante clásico. Su pasión estaba en otro tipo de música, la que su madre llevaba a casa en discos, pero particularmente la de Elvis Presley y Bill Haley. Aun así, siguió con sus estudios durante cinco años, pero se retiró de la Real Academia de Música de Londres justo antes de presentar los exámenes finales.

A los 15 años, Reginald empezó a construir su carrera tocando en las noches en un pub de jueves a domingo. Luego formó su propia banda llamada Bluesology, con la que a mediados de los 60 tocaba como banda de respaldo para artistas de Los Estados Unidos. Pero su momento de crear canciones que lo pusieran al frente del escenario, empezaría en 1967 cuando conoció a quien sería su socio de composición, el letrista Bernie Taupin. Unos meses después, decide adoptar un nombre artístico permanente, pasando de Reginald Dwight a Elton John.


Elton John 1975

En 1972, el nombre que era un homenaje a dos de los miembros de su banda Bluesology, el saxofonista Elton Dean y el vocalista John Baldry, se convierte en su nombre oficial al hacer el cambio legalmente. Durante esa década Elton llegaría al pico de su carrera, acompañado siempre de Bernie como escritor y coautor.


Es su trabajo

Camino a la casa de sus padres en Lincolnshire, Inglaterra, Bernie pensaba en una canción, en ella, El hombre ilustrado volvería a inspirar con una de sus historias 20 años después. Pero el letrista nunca tuvo memoria suficiente para retener una buena idea, como muchos, si no tenía dónde anotarla, se perdería para siempre. Así que cuando llegaron a su mente las primeras líneas de una nueva canción para Elton, tuvo que repetirlas en su cabeza durante dos horas, pues iba manejando por la autopista y tuvo que esperar hasta llegar a su destino para buscar dónde anotar.

De esas primeras líneas que describen la cotidianidad de cualquier trabajador que sale en la mañana a hacer su labor, pero pensando que el trabajo de esta persona es en el aire, empezaría Bernie la exploración en busca de una historia.

Es aquí donde entra a servir como combustible de la fantasía, el cuento The Rocket Man de aquella colección de Ray Bradbury. Los detalles de la historia cambian pero el drama propuesto es similar. El personaje principal, quien en este caso es el mismo narrador, es un astronauta que vive en Marte con su familia, pero en su realidad los astronautas ya no son celebrados como héroes, son simplemente empleados de un trabajo común y corriente.

Pero es además uno de esos trabajos que obligan a quienes lo ejecutan, a viajar durante largos periodos, esto pone en conflicto interno al protagonista, teniendo que dejar su hogar, que además queda en un planeta frío e inapropiado para criar a sus hijos, dando pistas con esta descripción de que nuestro personaje lleva una vida humilde y vive donde le toca, no donde quisiera. Aun así, preferiría no tener que irse todo el tiempo a manejar un cohete que ni siquiera entiende por completo cómo funciona. Pero no tiene muchas opciones, debe hacerlo porque es su trabajo, aunque eso le cueste estar ausente casi todo el tiempo sin poder ver a sus hijos crecer.

Experiencia migratoria

Rocket Man saldría para convertirse en la canción más exitosa de Elton y Bernie hasta ese momento, amplificando además la fascinación generalizada que tenía el mundo por los viajes a la luna durante finales de los 60 y principios de los 70. Además se convertiría en el apodo de Elton, en el título de una película basada en su vida que salió en 2019, y en la base para el nombre del sello discográfico que la dupla formó en 1973 llamado Rocket Records.


Space Shuttle Discovery

Se convirtió en una canción esencial en sus shows, incluso la tocó en el lanzamiento del transbordador espacial Discovery de la NASA en 1998.


Y después, en 2017 adquirió una nueva capa narrativa cuando en el Festival de Cine de Cannes, como parte de un homenaje a los 50 años de colaboración entre Elton y Bernie, fue lanzado un video oficial co-dirigido por Majid Adin, quien siendo un refugiado iraní en Inglaterra, logró trazar un paralelo entre el astronauta y su propia vida, conectando dos elementos comunes de la historia original de Bradbury de 1951, la versión de Bernie Taupin de 1972 y su propia experiencia migratoria, esos elementos son la separación y la soledad.


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Published by Leon Bernard

Busco el equilibrio en la creación, poniendo en la balanza el pensamiento estratégico y la libertad para producir música y escribir historias.

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