La obsesión y la historia de la guitarra eléctrica · Parte II

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Cuando se hizo urgente crear una nueva generación de guitarras, empezó la carrera por crear un instrumento legendario. Al final, hubo más de un ganador.

La sensación correcta

En 1948 ya habíamos entrado de lleno en la carrera por llegar a un diseño exitoso de guitarra eléctrica de cuerpo sólido. La idea era resolver dos problemas; uno de carácter tecnológico y otro de carácter cultural.

El primero, tenía que ver con que las guitarras dominantes de la época, conocidas como Españolas Eléctricas, que a causa de su caja acústica, generaban mucho ruido cuando se quería tocar a volúmenes altos, lo cual era necesario para la música en vivo. Este problema en realidad había sido resuelto más de una década antes con las guitarras eléctricas hawaianas que no tienen caja ni cuerpo tradicionales, pero justo eso es lo que lleva al segundo problema.

Cuando Les Paul construyó la primera versión de su modelo de guitarra sólida llamado El Tronco, lo primero que hizo fue salir a probarla. Entonces se va a un bar y toca algunas canciones, la recepción generalizada del público fue una serie de risas burlonas. Al parecer, debido a que ese primer modelo no tenía la forma familiar sino que parecía un palo de escoba con cuerdas, a la gente le pareció divertido pero no de una manera positiva.

Habiendo observado esto, Les decide ponerle unas “alas” o costados de madera con forma de guitarra española a El Tronco para que se viera convencional, luego regresa al bar y toca las mismas canciones. Esta vez no hubo risas de burla sino entretenimiento genuino en la audiencia. Ahí aprendió una de las lecciones más importantes de la industria de la música: “la gente escucha con los ojos”.

“Es un logo muy bueno”


En 1987 Ibanez invitó a Steve Vai, uno de los héroes modernos de la guitarra, a co-diseñar un modelo especial. El resultado fue la Ibanez JEM. Foto: Rachmaninoff, CC BY-SA 4.0.

El punto es que la estética es importante, por lo general para un músico el sonido es solo parte de la decisión de compra, el diseño juega también un papel crucial. Como cuando compras ropa nueva, no es suficiente que cumpla su propósito de cubrirte, tiene que generar la sensación correcta cuando te miras al espejo.


Así que el reto para los fabricantes y los inventores era crear específicamente: la primera guitarra eléctrica española de cuerpo sólido comercialmente exitosa. Esa era la carrera. Les Paul ya había entrado en ella, solo faltaba Leonidas.

Ninguno llegó primero

Clarence Leonidas Fender, o como se le conoce en la historia, Leo Fender, nació en 1909 en California. A los ocho años, a raíz de un tumor pierde su ojo izquierdo, pero eso no fue un impedimento para desarrollar su espíritu curioso. De joven solía jugar con partes de radios, desarmándolas y armándolas otra vez.

Un día, fue a visitar a su tío quien tenía un taller automotriz y vio un radio que él había construido con partes descartadas de distintos aparatos, el sonido tan alto que producía el “radio Frankenstein” le causó un impacto profundo y sería importante más adelante para sus creaciones. Con esta fascinación por la reparación, Leo se dedica, mientras va a la escuela, a arreglar radios en la casa de sus padres. Tiempo después pasa a la universidad, pero no estudia nada que tenga que ver con esa pasión, en cambió se prepara en contaduría mientras por hobby, se enseña a sí mismo electrónica.

Más adelante empieza a ejercer como contador, pero a causa de la depresión económica de los años 30, pierde sus dos primeros empleos. Así que en 1938, pide un préstamo de 600 dólares y monta un negocio de reparación de radios. Pronto empezaron a llegar músicos a encargarle la construcción de sistemas de sonido para amplificar bandas con guitarras hawaianas que ya empezaban a popularizarse en la música country.

En 1944, Leo estaba más metido en la construcción de amplificadores que en la reparación de radios, entonces se junta con un amigo que fabricaba guitarras hawaianas y fundan una compañía llamada K & F para vender sus productos. Un par de años después su amigo se retira y así nace la marca que conocemos como Fender.


En 1948 Fender lanzó la serie Deluxe de amplificadores, diseñados para destacar al guitarrista de una banda. Cuando los grupos de Blues y Rockabilly empezaron a sonar cada vez más fuerte, la distorsión natural del amplificador con el volumen al máximo empezó a posicionarse como un efecto. Foto: Johnny Bgood123, CC BY-SA 3.0

Después de la segunda guerra mundial, las Big Bands de jazz empezaban a perder popularidad, mientras el atractivo de las guitarras eléctricas que se podían amplificar a niveles muy altos, crecía en corrientes como el Boogie-Woogie y el Honky-Tonk. Por otro lado, los salones de baile se popularizaban exponencialmente y una vez más, el problema de sonar suficientemente fuerte se hizo presente.


Leo observó la tendencia y buscó la manera de satisfacer esa demanda con su propia guitarra eléctrica sólida, que aunque ya existían, todavía nadie llegaba a un diseño aceptado universalmente, eran todavía una novedad con poca oferta. La tarea era complicada, sobre todo teniendo en cuenta que Leo era un tipo empírico en la electrónica que ni siquiera sabía tocar la guitarra, era un contador frustrado que se vio obligado a monetizar su pasión, un ingeniero que nunca estudió ingeniería pero veía las necesidades de los músicos como un problema que requería ingenio para resolver.

En este punto, ya a finales de los años 40, sobresalen dos equipos buscando crear la guitarra eléctrica más popular del mundo; por un lado estaba la compañía Gibson con un equipo élite de profesionales, y por el otro, Leo Fender y su socio, George Fullerton. Se puede decir que ambos lo lograron, aunque en la carrera por crear el equilibrio de aspecto y volumen, ninguno llegó primero.

Dos apellidos

Hay un tercer personaje trascendental en la historia que nos recuerda que en la innovación, el primero no siempre gana la carrera. Ese personaje se llamaba Paul Bigsby y era un piloto y mecánico de motocicletas que tenía varios amigos músicos, uno de ellos era Merle Travis, un reconocido artista country.

En aquella época, Bigsby trabajaba esporádicamente arreglando guitarras para sus amigos. Un día llega Merle Travis y le pide que le ayudé a reparar el sistema de Vibrola de su Española Eléctrica. La Vibrola es un dispositivo instalado en la parte baja de la guitarra que permite, haciendo uso de una palanca, cambiar la entonación de las cuerdas temporalmente. Bigsby acepta el trabajo, pero en vez de arreglar el sistema, diseña y construye uno nuevo y mejor, el dispositivo tomaría su nombre siendo bautizado como Bigsby Vibrato, yse convertiría en el estándar de la industria, inspirando nuevos modelos y manteniéndose en producción consistentemente hasta nuestros días.


Sistema de vibrato Bigsby instalado en una guitarra Rickenbacker. Foto: DeLerkim, CC BY-SA 2.0

Tiempo después vuelve Travis, pero esta vez llega con un dibujo en un papel, se lo presenta a Bigsby durante un almuerzo y le dice: ¿puedes construir esto?, su amigo responde: “yo puedo construir lo que sea”. El dibujo era un boceto de una inusual guitarra eléctrica.


Bigsby cumple la tarea una vez más y fabrica a mano el instrumento. Lo que no sabía, era que estaba creando la plantilla moderna de la guitarra eléctrica, la primera en tener el aspecto y características que hoy consideramos estándar.

Después de esto, empieza en un local junto a su casa en California, una nueva compañía con su nombre para construir guitarras eléctricas, pero los instrumentos y las Vibratos eran fabricados a mano, lo que llevaba en algunos casos, a listas de espera de dos años por un pedido. Entonces, después de hacer cálculos y tomar en cuenta su salud en deterioro, vende la compañía. Pero esto fue casi veinte años después de haber empezado, ¿qué pasó en el camino entonces? ¿Por qué, si llegó primero, no ganó la carrera y su marca no se convirtió en el sinónimo de la guitarra eléctrica moderna?, la razón tiene dos apellidos: Fender y Gibson.

Se preparaba para dominar el mundo

En 1950, después de haber dedicado tiempo a ver el problema con la mente de un ingeniero, Fender lanza la Esquire, su primera guitarra eléctrica de cuerpo sólido. Tenía la figura evocativa de una española, pero con curvas distintivas y un boquete que permitía fácilmente poner los dedos en la parte baja del cuello, donde están las notas más altas. Tenía un solo pickup, (la bobina que captura la señal eléctrica para luego poder amplificarla). El cuello no estaba pegado al cuerpo como tradicionalmente se hace, sino que venía atornillado para facilitar la reparación o reemplazo, y en la cabeza, una característica familiar: las clavijas que se usan para enrollar y afinar las cuerdas, estaban instaladas una tras otra en línea recta, como el diseño de Bigsby y Travis.


Réplica del primer prototipo no comercial de la Esquier, la primera guitarra eléctrica sólida de Fender, desarrollado en 1949 cuando el diseño de la cabeza aún era convencional. Foto: Clusternote, CC BY 2.0

Poco después, siguieron haciendo mejoras técnicas y agregaron un segundo pickup. Y así, habiendo llegado a la forma final y refinada del modelo, deciden cambiarle el nombre por: “Broadcaster” y sería la guitarra que cambiaría la historia de la música, pero no con ese nombre. Resulta que otra marca de instrumentos más grande y establecida en ese entonces llamada Gretsch, había registrado un nombre muy similar pero deletreado con “k” en vez de “c” y les pide que dejen de usarlo. Fender apenas estaba empezando y no quería meterse en batallas legales, así que aceptó cambiarlo.


Entonces pensando en un buen reemplazo llegó a una observación clave: eran los 50 y ¿qué era lo más innovador y atractivo de la época para el público general?, la televisión. Así que decide jugar el juego del lenguaje y la percepción creando una asociación entre el aparato de moda y su guitarra, llamándola entonces: Telecaster.

Por fin, después de casi 20 años de inventores, músicos y constructores tratando de encontrar el punto exacto en el que la ingeniería resuelve los problemas técnicos y el diseño el problema del aspecto. Llegó en 1950 la Telecaster reuniendo todos los elementos en equilibrio, pero sobre todo, en el momento indicado, pues su mayor patrocinador tomaba fuerza y se preparaba para dominar el mundo, era el rock and roll.

La libertad”


Un artista convertido en marca

Unos años antes, Les Paul y su creación El Tronco, habían llegado con la idea a la compañía de instrumentos más grande del momento, Gibson. En ese primer encuentro la gerencia lo escuchó por cortesía pero lo descartó enseguida, no tenían interés en perseguir aventuras corporativas apostándole a las guitarras eléctricas sólidas que parecían más un juguete innovador, que un instrumento para músicos serios a través del espectro de la música.

Entonces llega Fender con su Telecaster y Gibson entiende su error de análisis de la cultura. El mundo estaba cambiando, la nueva generación quería guitarras eléctricas sólidas para tocar todo, del country al jazz y del blues al rock. La Telecaster tenía todo lo que la gente quería y estaba disponible, no tenías que esperar un año para tenerla.

Gibson responde haciendo una reestructuración gerencial. Entra un nuevo presidente y empieza sistemáticamente a rejuvenecer la mentalidad de un negocio que se negaba a salir del marco tradicional. Entonces arman un equipo élite dedicado a crear una respuesta a Fender, y para solidificar la estrategia, incluyeron una figura popular que ayudara al marketing, era Les Paul, quien fue invitado al proyecto para participar ofreciendo algunos apuntes, pero sobre todo, para poner su nombre como marca en las guitarras, pues en ese momento Les ya era una estrella y eso ayudaría a elevar las ventas.

En 1952, dos años después de Fender, Gibson lanza su primera guitarra eléctrica de cuerpo sólido. La figura era incluso más familiar que la de una Telecaster, las clavijas estaban separadas en dos filas de tres y las curvas eran como las de una guitarra española pero con un cuerpo pintado de dorado para reforzar la idea de ser un instrumento exclusivo. Con esto, por fin empezaron a recuperar el terreno perdido, apoyados en Les Paul como celebridad para promocionar el modelo.


El primer modelo lanzado al mercado de Les Paul en 1952, tenía problemas en el puente, las cuerdas pasaban por debajo de una estructura metálica que impedía apagarlas con la mano, una técnica común. Foto: Andrew Russeth, CC BY-SA 2.0

En los modelos siguientes el diseño fue refinado incluyendo una nueva clase de pickups que cancelan el ruido, conocidos como humbuckers. Este fue el verdadero nacimiento de una leyenda que domina hasta hoy las ventas de la compañía.


La estrategia de marketing trascendió su propósito y décadas después, el nombre del artista convertido en marca, pasó a representar en algunas partes del mundo, toda una categoría de guitarras de características similares, conocidas genéricamente como Les Pauls.

Cuando te enamoras

Por su parte, Fender siguió viendo la música desde la perspectiva de la ingeniería, y durante los 50, crearon amplificadores de guitarra que se convertirían en la plantilla para todas las marcas que vinieron después como Marshall y Orange. Desarrollaron el primer bajo eléctrico comercialmente exitoso y crearon una guitarra tan versátil y omnipresente, que se convirtió en la forma preestablecida de la guitarra eléctrica en la memoria de todos, el equivalente del ícono del diskette en las computadoras, que por alguna razón, todavía usamos para representar la acción de guardar.


Era la Stratocaster, una guitarra cuyo diseño desafiaba los gustos de su época, pero que hoy, casi 70 años después, todavía parece nueva. Su foco en la funcionalidad la convirtió en el estándar de oro, una herramienta para todo tipo de tareas, el primer instrumento de muchos músicos jóvenes que a veces, llegó incluso a robarse la apreciación de artistas legendarios que usaban Gibson, como Jimmy Hendrix y Eric Clapton, quienes en el punto de maduración de sus carreras, decidieron adoptar una Strat.

Fender lanzó la Stratocaster en 1954 creando la figura más reconocible del mundo de las guitarras. Fue la primera vez que la marca diseñó un modelo con tres pickups y un sistema de vibrato. Foto: Lightburst, CC BY-SA 4.0

“La primera fue una Texas”


La popularidad de las guitarras eléctricas simplemente siguió creciendo, aparecieron marcas de todas partes del mundo y el rock le dio el impulso que necesitaba. Se infiltró en todos los géneros de la música americana, latina, africana y de todas partes en realidad.

Se convirtió en un medio de expresión y versatilidad, con el que se puede pasar de las notas más cálidas y angelicales a melodías saturadas que se estiran al límite, extendiendo la emoción del intérprete mientras su alma se expande en un momento de puro sentimiento, y de ahí, al sonido de una bestia con un motor por corazón que alivia el dolor de ser el experimento de un trastornado científico loco, gritando con su garganta eléctrica al cielo hasta casi reventar los parlantes que lo mantienen vivo.

Así fue siempre la guitarra eléctrica, un instrumento para todos, una muestra del ingenio y la curiosidad humana. La representación física de una característica típica de nuestra cultura occidental: el deseo de tener más; más volumen, más poder, más alternativas y la prueba de que escuchamos con los ojos, porque el sonido es lo que importa, pero cuando descubres con la vista que es producido por una guitarra eléctrica, ahí es cuando te enamoras.


Bonus Track


A lo largo de Rocket 88 (de 1951) se nota con claridad la guitarra distorsionada haciendo notas graves.
En este video de Too Much Sugar For A Dime (de 1951) Merle Travis sale tocando una guitarra Bigsby con la distintiva forma de la cabeza que luego llevarían las Fender Stratocaster.
En Bob Will’s Boogie (de 1946) se nota como casi desde el principio los músicos estuvieron experimentando con algún tipo de saturación o distorsión.
Jimmy Hendrix tocando Foxy Lady con su Stratocaster blanca invertida, él era zurdo y la guitarra era derecha.


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Published by Leon Bernard

Busco el equilibrio en la creación, poniendo en la balanza el pensamiento estratégico y la libertad para producir música y escribir historias.

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