La obsesión y la historia de la guitarra eléctrica · Parte I

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Algo tiene la guitarra que la mantiene vigente, evolucionando con cada era en algo distinto. ¿Por qué nos obsesionamos con ella?, nadie sabe con exactitud, pero lo venimos haciendo desde hace varios miles de años

Obsesión nacional

No hay duda de lo antigua que es la necesidad de los humanos por crear sonidos con madera y cuerdas tensadas. Un ejemplo son las liras de Ur, excavadas en 1922 en el Cementerio Real de Ur, donde hoy queda Iraq. Son aproximadamente de 2.500 antes de Cristo. Después están las placas de arcilla pintadas con un tipo tocando algo muy parecido a la guitarra como la conocemos, pero en Babilonia y hace 3.300 años.


Ilustración de una viola de péndola, instrumento de un salterio carolingio del siglo ix. Foto: Dominio público.

Así que con tanta curiosidad por este tipo de instrumentos a lo largo de la historia, eventualmente llegaríamos a la guitarra. Aunque no sabemos exactamente cómo, la palabra misma tiene todo un recorrido histórico, en el inglés, el francés y el alemán, adoptaron la palabra del español, que a su vez viene del árabe قيثارة (quithara) y el latín cithara, que viene del griego κιθάρα (kithára), que posiblemente vino del persa sihtar.


De hecho, Kithara aparece en la biblia varias veces, pero se traduce como harpa, porque al parecer el nombre era genérico y representaba todas las variaciones de la misma idea.

Por alguna razón, los españoles tomaron un interés particular en el instrumento y durante la edad media empezaron a experimentar con diferentes diseños. Gracias a esta obsesión nacional, la guitarra clásica con frecuencia se le conoce popularmente en otras partes del mundo como guitarra española.

La transición a la electrificación

Más adelante, ya en 1880, Hawaii al parecer era un lugar muy atractivo para irse a vivir, entonces llegaron un grupo de portugueses e introdujeron sus instrumentos de cuerda nacionales, los locales los adoptaron, los modificaron y crearon uno nuevo que todos conocemos como ukelele.

Después llegaron a la isla españoles y mexicanos con sus guitarras clásicas y de nuevo, los locales la adaptaron a sus preferencias. Le cambiaron la afinación para que al tocar las cuerdas sin presionar ninguna, se produjera un acorde mayor, básicamente un sonido placentero, lo cual no sucede con la afinación tradicional. También cambiaron las cuerdas hechas con fibras animales por unas hechas de metal, y luego, tocándolas con una mano mientras con la otra deslizaban una barra metálica, producían melodías. Pero como no era tan fácil hacerlo con la guitarra parada sobre una pierna, los hawaianos preferían acostarla sobre su regazo y así tocar lo que después se conocería como la guitarra hawaiana.


Rickenbacker Electro Bakelite Hawaian de 7 cuerdas 1938. Foto: brad_bechtel, CC BY 2.0

Cuando Los Estados Unidos anexaron a Hawaii en 1900, se generó en el público americano, una fiebre por la cultura hawaiana, incluyendo la música, la cuál en algún punto llegó a ser más popular que cualquier otro género. Y como suele pasar, cuando la música se vuelve disponible para los oyentes, se crea también interés en hacerla y para ello se necesitan los instrumentos.


Entonces, a lo largo de los años 20 la demanda por estas guitarras hawaianas crece exponencialmente y algunas compañías se ponen a fabricarlas para aprovechar la nueva tendencia de consumo. En un punto la diferencia de las dos formas de guitarra dejó de ser física y pasó a representar simplemente un estilo, si la tocas de manera convencional es una guitarra española, si la acuestas sobre tus piernas y la tocas deslizando una barra de metal sobre las cuerdas, es una guitarra hawaiana. Este formato se hizo muy popular en Texas, donde nació George Beauchamp, un personaje clave en la transición a la electrificación de la guitarra.

La posibilidad de elevar el volumen

En 1920 Beauchamp con la hawaiana y su hermano Al con la española, se mudan a Los Ángeles con su banda de estilo hawaiano The Dixie Boys. Con el tiempo su público se hizo cada vez mayor, lo cual siempre es bueno para cualquier formación musical. Pero la fama siempre viene con problemas, en este caso eran de carácter técnico. Una audiencia mayor requiere un espacio más grande, lo que quiere decir, por leyes de la física, que el sonido de la música tiene que viajar una distancia mayor o la gente al fondo del bar o salón no va poder escuchar bien.

Entonces en 1926 los hermanos Beauchamp buscando una solución, van donde un luthier llamado John Dopyera y le presentan un simple requerimiento acompañado de una difícil tarea: hacer que sus instrumentos sonaran más fuerte. El resultado del ingenio de Dopyera fue un nuevo instrumento que sería fundamental en la evolución de la música Bluegrass, sobre todo en este momento de la historia cuando las guitarras empezaban a ser más populares que el instrumento de cuerda dominante en la música del sur de los Estados Unidos, el banjo.


Resonator Style0 de un solo cono. Foto: Mätes, CC BY-SA 3.0

Lo llamaron Resonador, y era básicamente una guitarra acústica que tenía por dentro unos conos de aluminio parecidos a los que se usaban en los gramófonos y fonógrafos. Con este nuevo diseño, al tocar las cuerdas el sonido se amplificaba naturalmente resonando y proyectándose hacia afuera, produciendo así un tono brillante y niveles bastante más altos. Así resolvieron el problema del volumen en teatros y clubs de jazz donde el guitarrista se ahogaba entre las trompetas, saxofones y percusión.


Fue un paso en la dirección correcta, pero las audiencias seguían creciendo, así que durante los siguientes años, mientras los músicos disfrutaban el sonido de sus resonadores, Beauchamp, quien había creado la primera compañía fabricante de estos instrumentos con Dopyera, seguía pensando en la posibilidad de elevar el volumen, hasta que entendió que la manera de hacerlo era usando electricidad.

Sus propias versiones

En 1930, la electricidad doméstica ya era común, así que George podía explorar ese territorio. Un par de décadas antes se habían inventado los tubos de vacío que permitieron crear sistemas de amplificación de sonido. En 1921 refinamientos tecnológicos de varios años, llevaron a la creación de un dispositivo capaz de traducir una señal eléctrica en sonido, hoy le decimos simplemente parlante. Pero nadie estaba interesado en usar electricidad, tubos de vacío y parlantes para hacer que una guitarra sonara más fuerte, nadie, excepto Beauchamp y su banda hawaiana.

Al principio la solución más evidente era poner un micrófono delante de la guitarra, pero eso implicaba usar más aparatos y cables, además los micrófonos producían el infame ruido agudo conocido como feedback. Entonces George piensa, si lo que produce el sonido es la vibración de las cuerdas y la caja acústica existe solo para amplificarlo, por qué no amplificar directamente la cuerdas. Una vez más, iba en la dirección correcta, solo haría falta un poco de ingeniería.


Acercamiento al pickup de una Fender Telecaster American Vintage 1952. Foto: Massimo Barbieri, CC BY-SA 3.0

George y su amigo Adolph se ponen a trabajar en el problema y un tiempo después llegan a la solución, colocar debajo de las cuerdas a la altura del puente, en la parte de abajo de donde normalmente salen las cuerdas en dirección a la cabeza, una bobina eléctrica, es decir, un imán enrollado con varios metros de alambre.


Por razones que no pretendo entender a fondo, la vibración de las cuerdas es atrapada en el campo electromagnético de la bobina y la señal eléctrica que se produce es transferida por un cable, el cual podían conectar a un radio, que para ese entonces, usaban tubos de vacío, justo lo que se necesitaba para amplificar el sonido de una guitarra.

En 1932 llegan a un producto final, un instrumento con una figura extraña incluso para los estándares de nuestra era. El cuerpo era pequeño y redondo, como un banjo pero ridículamente pequeño, de ahí salía un cuello de guitarra de tamaño normal, para lograr un aspecto que solo puedo describir como disparejo. Era evidente que querían ser enfáticos en la idea de que no se necesita una caja de madera para amplificar el sonido. Además, todo el aparato era de aluminio. Por supuesto, tenía instalada su bobina eléctrica para la captura de la vibración, llamada ahora Pickup. Le decían el sartén, por su figura, pero el nombre oficial era A25, la primera guitarra eléctrica. Aunque técnicamente era una guitarra eléctrica hawaiana, porque estaba pensada para ser tocada acostada sobre las piernas.


Rickenbacker “Frying Pan”, 1934. Foto: doryfour, CC BY-SA 2.0

George y Adolph deciden fundar una compañía para producir las A25 y la nombraron Ro-Pat-In, pero poco después le cambiaron el nombre por algo más sonoro usando el apellido de Adolph, y con él crearon la marca de instrumentos que hoy conocemos como Rickenbacker.


Las A25 no fueron un éxito, la resección económica en Los Estados Unidos no daba para que la gente anduviese comprando instrumentos. Además la forma era muy extraña, por eso luego sacaron otro modelo con una caja acústica convencional, la llamaron “Española Eléctrica” y con ella nació lo que hoy reconocemos como una típica guitarra eléctrica. Este modelo tampoco fue exageradamente exitoso pero empezó un movimiento y pronto otras compañías diseñarían sus propias versiones.

Apenas 25 años

Gracias a la diversificación de los diseños y fabricantes, en 1940, apareció el primer héroe de la guitarra eléctrica. Un afroamericano criado en Oklahoma llamado Charlie Christian.

Como muchos artistas sobresalientes, Charlie vino de abajo. Su padre, un músico ciego, buscaba el sustento para la familia tocando en la calle, actividad a la cual integraba a sus hijos una vez tenían edad suficiente. Se iban a barrios de una clase más alta para tocar en los espacios públicos a cambio de dinero. Cuando Charlie creció se unió al show callejero de su familia tocando la guitarra, la cual a los 12 años, heredó de su viejo cuando este falleció.


Charlie Christian en un estudio en Kansas City en 1940. Foto: Dominio público.

En la escuela quería tocar el saxofón, pero su maestra le insistió que mejor aprendiera la trompeta. Lo hizo durante un tiempo, pero con la idea de que la boquilla le dañaría los labios, volvió a enfocarse en la guitarra, eventualmente desarrollando un estilo que cambiaría las reglas del juego para siempre.


Saliendo de los años 30 la guitarra eléctrica ya tenía un lugar en las orquestas como un instrumento rítmico, pero Charlie, que venía con esta fascinación por el saxofón, quería que su guitarra sonara así, entonces empezó a crear patrones de melodías complejas y rápidas siguiendo la lógica de una improvisación de saxo en el jazz. Convirtiéndose así en uno de los primeros, sino el primer guitarrista líder de la historia, introduciendo por primera vez el concepto de “solo de guitarra” como lo entendemos hoy.

Su influencia llegaría a músicos como Chuck Berry, BB King, Carlos Santana y Jimmy Hendrix. Gracias a este aporte, en 1990 fue introducido al salón de la fama del Rock and Roll. Un gran efecto para la cultura en un tiempo muy corto, del 39 cuando lanzó su carrera, al 42, año en el que murió de tuberculosis cuando tenía apenas 25 años.

Otro guitarrista innovador

Después de Charlie la demanda por las guitarras eléctricas estalla y empiezan a surgir nuevos artistas tomando el relativamente nuevo rol de guitarrista solista. Uno de ellos sobresale por su nombre y su aporte al siguiente paso en la evolución del instrumento. Era un joven de Wisconsin llamado Lester William Polsfuss, más conocido como Les Paul.

Les fue una de las primeras superestrellas de la guitarra, empezó con el country y luego se mudó al jazz, donde junto a su esposa Mary Ford construyó una carrera fructífera. Fue uno de los primeros músicos en tener un estudio de grabación en casa, algo que hoy en día todavía, a pesar de la gran accesibilidad de dispositivos, sigue siendo costoso.


Les Paul en enero de 1947. Foto William P. Gottlieb. Dominio público.

Además tenía la curiosidad insaciable de un inventor, la cual lo llevó a crear distintas técnicas de grabación, la más conocida es hoy un día tan estándar que no nos imaginamos otra forma de hacerlo, la llamó “Sound on Sound” o sonido sobre sonido y lo que hacía era modificar una grabadora de cinta para que reprodujera y grabara al mismo tiempo, así podía grabar una parte de guitarra como guía y luego, mientras la escuchaba, sobreescribir la cinta grabando una nueva parte.


Con esta técnica, ayudaría a evolucionar y popularizar el método estándar de grabación que conocemos como multitrack, asistido por “El Pulpo”, la primera máquina de ocho grabadoras de cinta que él ayudó a diseñar. Con ella podía grabar capas de música individuales para crear  composiciones que antes hubiesen requerido varios músicos tocando al mismo tiempo.

Esta mentalidad de inventor fue crucial a finales de los 40 cuando construyó “El Tronco”. Así llamó Les a su propuesta de diseño de guitarra eléctrica de cuerpo sólido.

En este punto había quedado atrás la A25 y todo el mundo estaba tocando españolas electrificadas de diversas marcas. Pero el problema con este diseño era que la caja acústica podía generar ruido de retorno o feedback, lo cual siempre es molesto cuando no se usa intencionalmente. Esto lo habían entendido un década antes Beauchamp y Rickenbacker, pero esa forma de sartén que se inventaron no era nada sexy, así que había que encontrar un punto medio y solidificar la guitarra completamente.

Entonces Les Paul, interesado en resolver el problema crea El Tronco, que era básicamente un bloque de madera de pino con un cuello de guitarra, pickups caseros y sus respectivas cuerdas, esa era en esencia la guitarra, pero como seguro no quería repetir la historia del sartén, incluyó en su diseño dos bloques adicionales de madera a cada lado con la forma simétrica de una guitarra española. No se veía terrible y tampoco sonaba mal, aunque sí era muy rudimentaria, pero lo importante era su valor como prueba de concepto; si se puede hacer una guitarra eléctrica con un tronco de pino, se puede hacer lo que sea.


La fábrica de guitarras Gibson en Memphis. Foto: H. Michael Miley, CC BY-SA 2.0

En 1948, Les sale a venderle la idea de El Tronco a los fabricantes, pero nadie le prestó mucha atención, excepto Gibson, una de la primeras compañías en subirse al tren de la música eléctrica, además, la marca ya había construido una reputación gracias a que uno de sus modelos había sido popularizado años atrás por otro guitarrista innovador llamado Charlie Christian.


En este punto, después de pinturas rupestres, liras mesopotámicas desenterradas en el desierto, guitarristas de Babilonia de hace 3.000 años, guitarras medievales, hawaianas, resonadoras, españolas y españolas eléctricas, El Sartén y El Tronco estaban a punto de ver nacer a su verdadera sucesora, la nueva heredera al trono del reino de la guitarra que cambiaría el curso de la música para siempre, reinando sobre todas las culturas y unificando el mundo bajo el concepto de la creación como único requisito para existir en su universo.

Aquí fue que empezó el último tramo de la carrera, donde músicos e inventores aceleraron el paso para llegar primero al trono de la guitarra eléctrica de cuerpo sólido. Un momento en el que Les Paul y los ingenieros de Gibson tuvieron que enfrentarse al ingenio de quien crearía el imperio de guitarras más grande que aún domina los mercados y la cultura global, era Leo Fender, el creador de la guitarra más famosa de la historia, en la que probablemente piensas cuando escuchas las palabras “guitarra eléctrica”.



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