La inmortalidad de la música. La historia de: Rock the Casbah

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La canción más exitosa de una banda puede llegar al final de su vida creativa y dejar una marca para siempre.

Fortificaciones

Una de las más recurrentes ironías de la humanidad es que a pesar de ser todos parte de una misma especie, cuando creamos construcciones sociales, nos separamos. Nos encanta dividir todo y crear distancia entre nosotros mismos, no tenemos mucha paciencia para los vecinos, ya sean del barrio, pueblo, ciudad o país de al lado.

Estos conceptos de delimitación se materializan con las fronteras a nivel político y a nivel arquitectónico, con muros o murallas, los que a través de la historia hemos usado para separar comunidades, clases sociales, y para proteger lo que consideramos tan valioso que nuestros enemigos quieren quitarnos o destruir.

Así encontramos por el mundo todo tipo de barreras divisorias en el campo, en los puertos y en secciones de una ciudad completamente amuralladas, como las fortificaciones que los árabes llamaron قَـصَـبَـة (casbah).


Qasba de los Udayas. Foto: Davide Cesare Veniani, CC BY-SA 3.0

Una palabra que seguro a nadie se le ocurrió usar en la misma oración con la palabra rock, hasta que llegó Joe Strummer de la banda The Clash y en 1982 hizo con esa combinación atípica de conceptos, una de las canciones más importantes de la década, llamada justamente Rock the Casbah.


Una fuerza cultural

Joe nació en el año 52 en Turquía, donde quizá experimentó algunos aspectos culturales del medio oriente que le servirían como referencias para canciones en el futuro. A los nueve años sus padres lo envían junto a su hermano a estudiar en Surrey, Inglaterra. A partir de ese momento y durante los siguientes siete años, andaría por el mundo con una libertad casi absoluta, pues sus viejos vivían en África y la familia se juntaba apenas una vez al año.

Luego vino la música, los discos de Little Richard, conocido como el arquitecto del rock, por haber sentado las bases históricas del género. Además, con su canción Tutti Frutti de 1955 que todavía escuchamos por ahí en diferentes formas de entretenimiento, rompió la radio internacional y borró la línea de separación racial que con frecuencia se veía entre la música de blancos y negros.


Tarjeta coleccionable de Little Richard en 1957. Las tarjetas de chicle Topps crearon una serie dedicada a estrellas de la música, el cine y la televisión. Foto: TGC-Topps Gum Cards. Dominio público.

Artistas como Elvis Presley y Buddy Holly hicieron covers de sus canciones y los Beatles le aprendieron un par de trucos cuando abrieron un concierto para él en un tour en Europa. Luego vino el folk de Woody Guthrie y el rock de The Beach Boys para cementar en Joe el anhelo de hacer canciones.


Al principio no veía la música como una carrera, pensaba más en convertirse en caricaturista y alcanzó incluso en 1970 a completar un año de escuela de dibujo en Londres. La música seguía presente, pero aún no encontraba la motivación necesaria para sumergirse en ella, hasta que un día reunió un par de libras y se le dio por comprar un ukelele, no una guitarra eléctrica para hacer ruido y gritar posiciones políticas como uno esperaría del punk, no estaba listo para eso, tenía un ukelele y con él tocaba Johnny B. Goode en la estación de tren subterráneo Green Park para entretener a los viajeros urbanos de Londres Central, algunos le dejaban monedas.

Al parecer Joe siempre anduvo de un lado para otro, debía ser su naturaleza. Por eso en 1973 se fue detrás de una novia que tenía a Gales, allá conoció a otros músicos un poco más organizados que estaban formando una banda pero no tenían batería, Joe tenía una, así que les ofreció prestárselas a cambio de que lo dejaran ser el cantante principal. La banda se llamó The Vultures, con la cual tuvo algunas presentaciones no muy exitosas mientras cavaba tumbas en un cementerio para conseguir algo de dinero.

Hasta que se aburre de la pala y la muerte y se regresa a Londres a tocar en la estación de siempre, pero la policía de tránsito con frecuencia lo sacaba, no veía la manera de hacer una carrera como músico de la calle tampoco.


London Coliseum, el hogar de la Ópera Nacional de Inglaterra. Foto: FA2010. Dominio público.

Entonces se pone a trabajar como cargador de basura en la Ópera Nacional, pero tampoco dura mucho ahí. Cuando su jefe lo descubre practicando la guitarra en el espacio de la orquesta, lo despide de inmediato, con las 120 libras que le pagaron hizo lo más razonable, se compró un amplificador para la guitarra.


Joe insiste con la música y los trabajos informales. Un día, se presenta en un bar con su banda 101ers, llamada así por la dirección en la que vivía con sus compañeros de apartamento que eran además los otros músicos de la banda, al terminar, se le acercan dos tipos, uno de ellos era un manager de bandas y el otro, Mick Jones, un guitarrista interesado en reclutar a Joe como cantante principal de una nueva banda que fuera un fuerte rival para los Sex Pistols, quienes venían tomando fuerza y se convertirían también en una fuerza cultural del movimiento punk. Jones dice: tienes dos días para pensarlo, Joe acepta en uno, y así nace The Clash.

Completamente distinta

En el 77 lograron un contrato con una disquera y empezaron a trabajar, pero también a meterse en problemas con la ley. Como la vez que arrestaron a Joe y al baterista Topper Headon por escribir con aerosol sobre la pared de un hotel, el nombre de la banda, o la vez que le pegó con su guitarra a un violento miembro de la audiencia en un show en Alemania. Después de eso, Joe reconoció el error de aquel impulso y juró nunca más combatir violencia con violencia.

La banda siguió creando canciones y varios hits como London Calling y Train in Vain, con frecuencia presentando posiciones políticas en contra del racismo y la desigualdad social. Pero como suele pasar en formaciones creativas de gente inquieta que se mueven a toda velocidad por la vida, empezaron a haber conflictos internos que los llevarían al final del viaje. Pero antes llegaría de manera natural un himno a la inevitabilidad del rock llamado Rock the Casbah.


Entrada al Museo de Londres, exposición: “London Calling”, en diciembre de 2019. Foto: CVB, CC BY-SA 4.0

En 1982 la banda se encontraba en Los Ángeles trabajando en un quinto álbum a pesar de no llevarse muy bien entre ellos. Un día, quizá por la poca motivación, todos, excepto Topper Headon, el baterista, llegaron tarde. 


Entonces Topper que venía jugando con una idea que tenía para una parte de piano decide empezar a grabarla mientras llegaban sus compañeros. Se sienta en la batería y graba el ritmo base con la intención de mostrarle a los demás, pero aún no llegaba nadie, entonces se sienta al piano y graba la parte que tenía en la cabeza desde el principio. Ahora ya tenía algo más completo para mostrar, pero los chicos aún no llegaban, entonces toma el bajo y graba algunas partes para acompañar el piano y la batería.

Cuando llegaron, todos quedaron sorprendidos, no era usual que el baterista compusiera, esa tarea quedaba siempre a cargo del vocalista y el guitarrista. Pero en este caso estuvieron todos de acuerdo en que la base musical de la canción había quedado lista, Topper dijo: pero es solo una sección, y les respondieron: no importa, cortamos y pegamos partes para completarla.

Y así fue, después de eso no hubo que hacer mucho más. Sin embargo Mick, el guitarrista, quiso por alguna razón agregar el sonido de la alarma de su reloj digital en la grabación. Después vino la letra, es ahí donde la canción toma una mayor relevancia, Topper había escrito algo pero Joe lo descartó de inmediato, al parecer era demasiado cursi. Así que se tomó unos minutos, se fue al baño, posiblemente para buscar tranquilidad y regresó con una letra completamente distinta.

Arriesgándose a ser arrestados

Joe venía con la idea de esa combinación de las palabras rock y casbah. Llegaron a él un día mientras ensayaba con un amigo violinista, quien tal vez como calentamiento, empezó a tocar escalas orientales. De ese tipo de sucesión de notas que gracias a las películas de Hollywood nos hacen pensar en un desierto con camellos, calor alucinante y gente con atuendos sobrecargados de tela. Al escucharlo Joe empezó a gritar “rock the casbah”, simplemente porque esa última palabra corresponde a un aspecto de la cultura árabe y fue lo primero que se le vino a la mente.

Hasta ese punto era solo una combinación de sílabas con sonido interesante. El otro elemento que dio rienda suelta a la canción fue una crítica juguetona del mismo mánager de la banda. Quien un día le dice a Joe: ¿por qué todas las canciones tienen que ser una rāga? A lo que se refería era a un método de improvisación de la música clásica india, conocido por su complejidad y por algunas veces llegar a convertirse en composiciones de una hora, y el comentario venía a que la banda había tomado la costumbre de hacer canciones cada vez más largas.


Dos músicos indios interpretando un dúo de rāga llamado Jugalbandi. Foto: Varunkohli.vmc, CC BY-SA 3.0

Joe se lleva esa idea en la cabeza y llegando al hotel, escribe la que se convertiría en la primera línea de la canción, en la que se habla de un rey que mandó callar la rāga. Entonces uniendo estas ideas de un mundo árabe y un gobernante rígido, escribe durante ese rato en el baño del estudio años después, una historia con tono de fábula.


Habla entonces de un rey en el medio oriente que prohíbe la música rock del oeste usando la religión como argumento para validar la censura. Pero la gente responde armando conciertos de rock en las plazas y templos, efectivamente “rockeando el casbah”, lo que se podría interpretar como “sacudir el barrio”, es decir, una fiesta rebelde tan grande que se siente en cada rincón dentro de los muros de la ciudadela fortificada.

Finalmente el rey toma medidas extremas y manda a bombardear a los rockeros insurgentes, pero los pilotos de los jets militares, ignoran la orden y en cambio se unen a la fiesta poniendo rock en la radio de los aviones, mientras al Sharif, un título de honor y nobleza que cargan los descendientes del profeta Mohamed, no le gusta nada la situación.

El cuento es en realidad medio inocente y juguetón. Expresa el desafío de la autoridad en un escenario de travesura donde no hay verdaderas consecuencias y al final todos se divierten.

Pero en la realidad, la canción hace eco de una situación real en Irán, donde desde la revolución islámica de finales de los 70, toda la música de occidente o de influencia occidental, fue prohibida. Desde ese entonces la gente que quiere escuchar rock tiene que hacerlo con grabaciones distribuidas en un mercado negro, y los que quieren hacerlo directamente formando una banda, les toca grabar en secreto y tocar en público, arriesgándose a ser arrestados igual que los asistentes.

Desafiar a la autoridad

Al salir en 1982, la canción se convirtió en un éxito comercial, aunque irónicamente, para ese momento el baterista quien había compuesto la base musical, había sido despedido de la banda por su adicción a las drogas. Las tensiones siguieron creciendo y la banda se juntaría sin muchas ganas para hacer un nuevo álbum que no tendría buena recepción, después de eso, Joe decide desaparecerse en una zona rural de España y luego decide definitivamente acabar la banda.

Pero Rock the Casbah siguió su propia vida en la popularidad y en la rebeldía de los jóvenes, y se revitalizó con la mala interpretación, cuando volvió a tener alta demanda en la radio de 1991 porque la gente la veía como una forma de apoyar a las tropas americanas durante la Guerra del Golfo en Iraq.


Aviones de combate F-15E estadounidenses estacionados en Arabia Saudita durante la Operación Escudo del Desierto. Foto: PHAN CHAD VANN. Dominio público.

Y después, con el atentado de las torres gemelas, la canción entró en la lista prohibida de la radio durante un tiempo, lo cual quiere decir que el público general realmente nunca la entendió.


No era un ataque a una cultura sino una historia acerca de desafiar a la autoridad cuando las órdenes no tienen sentido, el contexto es árabe por mera coincidencia de la creatividad, pero pudo haber sido cualquier otro. No es un canto de guerra sino un himno a la inmortalidad de la música.


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